miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿Quién es Jesús?


Domingo XXIV, Tiempo Ordinario (ciclo B)

*Ofrecí la espalda a los que me golpeaban (Is 50,5-10)
*La fe, si no tiene obras, está completamente muerta (Stgo 2,14-18)
*Jesús les pregunta: Y para ustedes, ¿quién soy yo? (Mc 8,27-35)

Un día sábado, Jesús y sus primeros discípulos fueron a la sinagoga de Cafarnaún. Allí, la gente asombrada por las enseñanzas y obras de Jesús, pregunta: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva, con autoridad! (Mc 1,21-28). Más tarde, cuando Jesús calma la tempestad, sus discípulos exclaman: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen? (4,35-41).
En el Evangelio de hoy, el mismo Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy?... Y para ustedes ¿Quién soy yo?... Según las respuestas Jesús es: Profeta… Mesías… Hijo del hombre…

Otros dicen que eres uno de los profetas
Jesús de Nazaret ha terminado su misión en la región de Galilea. Y, antes de ir a la ciudad de Jerusalén donde será crucificado, Él y sus discípulos van a los pueblos paganos de Cesarea de Filipo. Mientras se alejan de Galilea, dejando allá el instinto territorial, Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? La respuesta de aquellas personas relaciona a Jesús con los grandes profetas.
Profeta es la persona llamada y enviada por Dios para decir al pueblo, con palabras y gestos audaces, cuál es la voluntad de Dios. Todo profeta cumple su misión porque está lleno del Espíritu de Dios y porque tiene una fe profunda que no se quiebra ante las dificultades. Profeta es un servidor fiel a Dios y a su pueblo, hasta morir si es necesario. El profeta, para ser creíble, tiene que: renunciar, denunciar, anunciar; y justamente estas características están presentes en la vida de Jesús.
*Jesús ha renunciado a muchas cosas… y con esta autoridad moral puede decir al joven rico que quiere seguirle: Una cosa te falta, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, luego sígueme (Mc 9,17-22).
*Jesús denuncia la hipocresía de los fariseos y letrados diciéndoles: Ustedes dejan de lado los mandamientos de Dios, para observar la tradición de los hombres (Mc 7,6-8).
*Jesús va a Galilea para anunciar la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca (Mc 1,14-15).

Tú eres el Mesías
Jesús al preguntar a sus discípulos: Y para ustedes, ¿quién soy yo?... Pedro responde: Tú eres el Mesías (es decir, el Cristo, el Ungido). Es una profesión de fe, pero todavía inicial, frágil, incipiente. En efecto, cuando Jesús saca las consecuencias de esa profesión de fe, Pedro no quiere saber, lleva aparte a Jesús y se pone a reprenderle. En aquella época, nadie esperaba a un Mesías, servidor y sufriente, anunciado ya por el profeta Isaías (42,1ss;  49,1ss;  59,4ss;  52,13ss). No se valoraba la esperanza mesiánica como un servicio a los demás. Jesús sabe que su compromiso con los excluidos, va a incomodar a los que tienen -ayer y hoy- el poder político, económico, religioso. Sin embargo, no da marcha atrás, sigue su camino hacia Jerusalén.

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho
Desde entonces y por primera vez, Jesús anuncia a sus discípulos: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y maestros de la Ley; ser condenado a muerte y, después de tres días, resucitar. Según Dn 7,1-28, Hijo del hombre no representa a un individuo sino a un pueblo; en este sentido Jesús asume la misión del Pueblo de Dios. Además, Hijo del hombre es el único título que Jesús usa para sí y, casi siempre, para hablar de su pasión, muerte y resurrección. (Cf. Marcos 8,31-33;  9,9-10;  9,30-32;  10,32-34;  14,21.41).
Si queremos encontrar a Jesús -Profeta, Mesías, Hijo del hombre- no lo busquemos en los ‘be-cerros’ de oro, plata, cobre, plomo… ni en los negociantes de lo sagrado que honran a Dios con los labios.
Jesús está en cada uno de sus hermanos: hambrientos y sedientos… emigrantes y desnudos… enfermos y encarcelados… (Mt 25,31-46). Es allí donde está el Hijo de Dios y es allí donde debemos encontrarlo.
Ante el crecimiento de una industrialización salvaje y descontrolada, los seguidores de Jesús ¿podemos permanecer ciegos, sordos, mudos? ¿Es posible ser devotos de Cristo crucificado y, al mismo tiempo,
ignorar a sus hermanos que son crucificados por tantas injusticias?
Hoy también, Jesús llama a la gente y a sus seguidores para decirles: El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero 
quien pierda la vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.
J. Castillo A.

martes, 11 de septiembre de 2012

Situarnos ante el dolor (Domingo 16 de Septiembre)

Clickar para acceder a las lecturas del Domingo 24 Ordinario, cilco B:

En estos días de Septiembre celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz (día 14) y la de María como Ntra. Sra. de los Dolores (día 15), celebraciones que pueden llevarnos a confusión: ¿Celebramos los cristianos el dolor? ¿Somos unos masoquistas exaltados que buscamos y amamos el sufrimiento como vía de redención? No son pocos los que nos acusan de ello; y otros tantos los que se escandalizan de la cruz, máxime en nuestra cultura consumista en la que el principio del placer es entronizado como objetivo primero y último del ser y el devenir del hombre.

"El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará” (Mc 8,34-35). Palabras que parecen invitar a situarnos ante el dolor. No pide el Señor que busquemos el dolor, ni se hace una exaltación del masoquismo; el dolor al que remite la cruz es la fruto del pecado del hombre que se vuelve contra Dios y busca su crucifixión. “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho”(Mc 8,31). Ese “tener que” no es un imperativo sino una consecuencia de la incomprendida misión del Hijo. Quede claro: Jesús no está invitando a buscar el dolor, sino a encarar y soportar el sufrimiento con criterios de paciencia y amor, ya se trate del dolor producto de la injusticia del hombre o el menos incomprensible derivado de los avatares de la naturaleza.

El cristiano no quiere el dolor.
 
Ha quedado dicho, el cristiano ni quiere ni busca el dolor; sería absurdo. Cristo mismo no lo quiso (prueba de ello es que luchó contra él) ni lo buscó (como nos hace ver él mismo en la oración de Getsemaní: “Padre, si puede ser, que pase de mí este cáliz”. Mt 26,39). Hay sufrimientos ante los cuales podemos y debemos actuar para su erradicación. Pero sabemos que gran parte del dolor humano no tiene solución, está ahí y seguirá estando; hay dolores ante los cuales sólo nos queda el silencio y la esperanza, silencio ante el misterio y esperanza de que la ayuda sobrenatural cure o al menos de un sentido nuevo a la experiencia del hombre sufriente. La esperanza está en el modo en que Jesús cargó su cruz y en las promesas que hace a los que le siguen.
 
La respuesta de Dios al dolor y la muerte no es una teoría más o menos acertada, sino una vida entregada. A través del dolor fuimos redimidos, el “siervo” cargó con la cruz y nos redimió a todos (cf Is 50,5-10). Basta una sola cruz para todos, porque sólo esa cruz nos redime: la cruz de Jesús. Sólo asociados a ella es fructífero nuestro dolor. Como decía G. Bernanos: “Nos queda Señor, el sufrimiento, que es nuestra parte contigo”. Cuando el dolor se mira desde abajo, desde la debilidad humana, parece aplastarnos, pero una mirada sobrenatural desde la fe en el poder y la victoria de Jesús ilumina la oscuridad. Es verdad que la visión sobrenatural del dolor (mirarlo desde Cristo crucificado) no elimina las punzadas el dolor, pero lo que para un no-creyente es un problema irresoluble, para un cristiano es un misterio abierto a un sentido nuevo. Con Jesús el hombre puede sobreponerse al dolor, porque vivido en sintonía con el Salvador no apunta a la desesperación sino a la esperanza, sino ¿habría llamado Jesús “dichosos” a “los que sufren”? (Mt 5,1.11). ¿No es una contradicción hablar de dicha y sufrimiento como compatibles?

¿Cómo es posible este misterio del gozo en el sufrimiento? San Pablo nos da una pista: “Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. (Col 1,24). Para el apóstol la clave está en contemplar y asumir el dolor como respuesta a la llamada de Dios. Y así como por la pasión (padecimiento, dolor) de Jesús fuimos salvados, así también el sufrimiento del misionero, del creyente, del hombre de fe, es un sufrimiento redentor. Y la redención, que tuvo su ya en la cruz, sigue su curso en la Iglesia, Cuerpo de Cristo crucificado que completa en su dolor lo que falta a la pasión.

La tentación de la huida

Cuando Jesús se retira al desierto tras su bautismo, el demonio le tienta poniendo ante Él una vida sin dolor ni sufrimiento; una vida en la que desaparecerían la fatiga propia del trabajo para conseguir el pan (“Haz que estas piedras se conviertan en pan”), el sufrimiento del olvido y la marginación (“Tírate desde aquí –el pináculo del templo-y te recogerán los ángeles” y todo el mundo te admirará), y el sufrimiento del “siervo” (“Póstrate ante mí y te daré todos los reinos de la tierra”, es decir, serás rey, vivirás como tal, rodeado de riquezas y de halagos). Sin embargo Jesús no renuncia a la cruz: “No sólo de pan vive el hombre”,“Al Señor tu Dios adorarás” (Mt 4,1-11). Y san Lucas termina anotando que “el demonio se retiró de su lado hasta el momento oportuno” (Lc 4,13). Y el momento oportuno es el momento de la cruz, el momento en el que el dolor se presenta como única opción de futuro, el momento de la prueba decisiva.

A un examen sobre esa prueba sometió Jesús a sus discípulos: “El hijo del hombre tiene que padecer mucho…” (Mc 8,31), y si el maestro ha de sufrir, no menos lo hará el discípulo. ¿Qué os parece? Ante la llamada a aceptar la realidad de la cruz, Pedro –esta vez Satanás habla por su boca- “se lo llevó aparte y se puso a increparlo” (Mc 8,33). Cuando llega el momento de afrontar el dolor la primera tentación es la de la no aceptación y la huida. Como aquellos que le dejaron cuando les dió a entender que iba a ser entregado a la muerte (cf Jn 6,60-66). Pero no todos abandonan, también tenemos ejemplos de generosidad, como María y las otras mujeres que resistieron firmes de pie junto a la cruz. Stabat mater dolorosa.

Jesús es la Verdad, ni engaña ni quiere engañar. Si los mercaderes del mundo, los vendedores de placer, ofrecen con mentiras mil y un gozos a cambio de nada, Jesús no oculta la cruda realidad  a los suyos: “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Mc 8,34). Queda claro que no ha venido a quitar la cruz sino a transformar su valor: ganar la vida será perderla, vivir será morir, al gozo se llegará por el sufrimiento, a la luz por la oscuridad. Misterio Pascual.
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La cruz de las obras. 

Decir que el cristiano ha de tomar su cruz es una invitación a vivir una vida cristiana. El apóstol Santiago nos quiere recordar que esa vida cristiana no es un idealismo, sino que ha de tomar tierra, o lo que es lo mismo: ha de encarar la cruz. La fe se encarna en obras. Los primeros cristianos discutían si lo primero y principal era la fe o si lo eran las obras. Santiago en su carta parece sugerir que la principal son las obras (Sant 2,14-18), mientras san Pablo parece decantarse por la importancia de la fe (cf Rm 3 y 4). Santiago parece zanjar la polémica: “La fe, si no tiene obras, está muerta”. Pero no por eso la fe carece de importancia. Sería un error descomunal pensar que lo que san Pablo propone al hablar de la primacía de la fe sea un repudio de las buenas obras. Nada más lejos de eso. No hay una fe auténtica compatible con una vida disoluta. Al ser tan insistente en la importancia de la fe lo que san Pablo quiere poner en claro es que la salvación no viene por el cumplimiento de las leyes (tal como proponían los fariseos), sino sólo por la fe en Jesucristo. ¿Acaso no fue la fe en Jesucristo la que dio origen a la gran obra de la Iglesia? ¿No es Cáritas el fruto lógico  de la fe de la Iglesia? También san Pablo reconoce la primacía del amor cuando habla de las virtudes: "la fe, la esperanza y el amor; de estas tres la más grande es el amor" (1 Cor 13,13).

Amar. “Tomar la cruz de cada día” es situarte ante el dolor con una actitud y unas acciones que pongan en en evidencia la sinceridad de tu fe; porque "dime lo que haces, muéstrame tus obras, y te diré en qué crees. Eres cristiano, discípulo de Cristo, si has tomado sobre ti la misma tarea del Maestro: amar sin medida con un amor de entrega total e incondicional. Amor en la dimensión de la Cruz. Se trata de dar-se, de morir, de ser clavado en la Cruz con Cristo vivendo su misma vida, con la esperanza puesta en su promesa: “el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará” (Mc 8,35).

No ames el dolor. Asúmelo como parte de tu condición de discípulo. Jesús no te ahorra la cruz, sería mimarte y manipularte; Él te enseña cómo llevarla: con la mirada alta, con la fe puesta en la cima del Calvario, donde está clavada la salvación del mundo. Misterio de fe es la Pascua de la cruz y la resurrección. Misterio es la Eucaristía donde Cristo se entrega por nosotros; misterio su“cuerpo entregado” y su “sangre derramada” para el perdón. Cruz redentora de Cristo.

¿Qué sentido tiene el dolor? Ningún sentido humanamente hablando. Sólo si lo vivimos asociados al misterio de la Cruz de Cristo puede abrirse a una esperanza, a un futuro: “Si con él morimos, resucitaremos con él” (Rm 6,8-9).
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Casto Acedo Gómez. Septiembre 2012. Paduamerida@gmail.com. 27934.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

¡Todo lo hizo bien!


Domingo XXIII, Tiempo Ordinario (ciclo B)

*Los ciegos verán, los sordos oirán, los mudos gritarán (Is 35,4-7)
*Si creen en Jesús no hagan diferencia entre las personas (Stgo 2,1-5)
*Todo lo hizo bien: los sordos oyen y los mudos hablan (Mc 7,31-37)

Jesús va a una región extranjera
*Según el Evangelio de Marcos, en un primer momento son extranjeros de Idumea, Transjordania, Tiro, Sidón… los que acuden para escuchar las enseñanzas de Jesús y ser sanados de sus enfermedades (3,7-12). Con el correr del tiempo, la semilla sembrada en los corazones de aquellas personas despreciadas por los judíos, dará sus frutos. Por eso, en un segundo momento, Jesús va a las regiones extranjeras de Gerasa (5,1), Tiro (7,24), Decápolis (7,31), Dalmanuta (8,10), Betsaida (8,22), Cesarea de Felipo (8,27)… para seguir sembrando -con palabras y gestos audaces- la Buena Noticia del Reino de Dios. Por ejemplo, cuando Jesús llega a la región de Tiro no pudo pasar desapercibido, una mujer sirofenicia se entera de su venida y le pide sanar a su hija. Años más tarde, habiendo llegado a Roma, Pablo dirá a los judíos: Sepan ustedes que de ahora en adelante esta salvación de Dios va a ser anunciada a los paganos, ellos sí escucharán (Hch 28,28).
*Jesús ha llegado a la región de la Decápolis (=Diez ciudades). Allí, un grupo de personas se acercan a Él, le presentan un hombre que es sordo y tartamudo, y le suplican poner las manos sobre él. Probablemente, aquellas personas son seguidores anónimos de Jesús, preocupadas por los que viven excluidos por la sociedad y la religión. Jesús toma consigo al sordomudo, lo aparta de la gente, le pone los dedos en los oídos y con saliva le toca la lengua; luego, mira al cielo, suspira y dice: ¡Ábrete! De inmediato, aquel hombre comenzó a oír y hablar correctamente..
*Hoy, muchos cristianos tenemos oídos pero somos sordos al Evangelio, hablamos pero somos incapaces de anunciar el mensaje de Jesús. Necesitamos que Jesús sane nuestra incapacidad de ver, oír, hablar… No debemos olvidar que el día de nuestro bautismo, el celebrante -tocando con el dedo pulgar nuestros oídos y nuestra boca- dijo: El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe...

¡Todo lo hizo bien!
*Viendo el milagro, los habitantes de aquella región comentan: Todo lo hizo bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos. La frase ‘todo lo hizo bien’ nos recuerda lo que Dios vio y dijo después de haber creado el mundo que nos rodea: Dios vio que todo lo que había hecho era muy bueno (Gén 1,31). En consecuencia, el proyecto que el Padre le confió a su Hijo Jesús es crear un mundo nuevo donde todos los hombres y mujeres podamos vivir como verdaderos hijos de Dios (filiación), y como verdaderos hermanos entre nosotros (fraternidad).
*Sin embargo, ¿por qué hay personas que no ven, no oyen, no hablan? A veces, somos ciegos, sordos y mudos porque así nos han educado; con la única finalidad de no ver ni oír el sufrimiento de los demás.
Otras veces, con el tiempo nos volvemos ciegos, sordos y mudos; porque descubrimos que es mejor vivir encerrados en nuestro egoísmo. Pero también, sucede con frecuencia, que a determinados sectores… les conviene que la gente sea incapaz de ver, oír, hablar. Para ello, manipulan los medios de comunicación... ocultan la verdad... inauguran programas paliativos para no ir a la raíz de las injusticias... multiplican proyectos improvisados para ocultar la corrupción... etc.
*Frente a los desafíos que encontramos en la sociedad, hacen falta cristianos que escuchen, practiquen y anuncien la Palabra de Dios.
-Dijo Dios a Moisés: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído los gritos de dolor provocados por sus opresores, conozco sus sufrimientos. Por eso he bajado para liberarlos del poder de los egipcios, y llevarlos a una tierra fértil y espaciosa (Ex 3,7-8).
-Llamaron a Pedro y Juan y les prohibieron terminantemente hablar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: Nosotros, no podemos callar lo que hemos visto y oído (Hch 4,18-20).
-Hermanos, ¿acaso no escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman? Ustedes, en cambio, desprecian al pobre (Stgo 2,5).
-Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos, es lo que les anunciamos: la Palabra de vida. Esta vida se manifestó; la vimos, damos testimonio y les anunciamos esta vida eterna que estaba junto al Padre (1Jn 1,1-2).
J. Castillo A.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Conversión del corazón


Domingo XXII, Tiempo Ordinario (ciclo B)

*Cumplan los mandamientos del Señor, tu Dios (Deut 4,1-8)
*No basta oír la Palabra de Dios, hay que practicarla (Stgo 1,17-27)
*¿Por qué tus discípulos comen sin lavarse las manos? (Mc 7,1-23)

La segunda lectura de hoy nos recuerda que la verdadera religión consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas. Y, sobre el ayuno que Dios quiere, el profeta Isaías dice: dejar libres a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que veas desnudo (Is 58). Se trata de prácticas religiosas que brotan de un corazón nuevo, fruto de una verdadera justicia.

Comer sin lavarse las manos
Mientras Jesús anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios, desde Jerusalén -capital del poder económico, político y religioso- han llegado a Galilea varios fariseos y letrados (maestros de la ley). Estos intérpretes oficiales de la Ley solo buscan desautorizar a Jesús. Al ver que algunos de los discípulos comen con las manos impuras (es decir, sin lavárselas), se escandalizan y preguntan a Jesús: ¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los mayores? Se preocupan por un rito externo, sin embargo no respetan la vida. Más tarde, ellos mismos, los sumos sacerdotes y autoridades romanas serán culpables de las torturas y de la muerte de Jesús en una cruz. Por éste y otros motivos, ellos tienen las manos machadas de sangre: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas! (Mt 23,37;  27,24).
Durante el conflicto armado interno que sufrimos entre 1980 y 2000, hubo asesinatos de personas y poblaciones, ejecuciones arbitrarias, desapariciones, torturas, tratos inhumanos, violaciones sexuales (…). ¿Hasta cuándo, los que tienen las manos manchadas de sangre, gozarán de impunidad? ¿Se conocerá la verdad y habrá justicia? ¿Y qué diremos de las autoridades que incumplen sus promesas? ¿Se puede acallar ciertas manifestaciones con represión y muertes?

¡Ay de ustedes, fariseos y letrados hipócritas!
Jesús desenmascara la hipocresía de aquel grupo de ‘visitadores’ y, apoyándose en la verdadera tradición, cita el siguiente texto del profeta Isaías: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan es inútil, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos (Is 29,13).
Muchos de nosotros con frecuencia: *Decimos con la boca una cosa, y después hacemos lo contrario. *Pedimos los tres sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía -fundamentos de toda vida cristiana- no para convertirnos, sino para quedar bien delante de la gente. *Pronunciamos el Credo, pero solo creemos lo que nos conviene. Por eso, sigamos meditando en las siguientes palabras de Jesús: No el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial (Mt 7,21).
Luego, Jesús hace este breve comentario: Ustedes descuidan el mandamiento de Dios y se aferran a la tradición de los hombres. Y pone el siguiente ejemplo: Si un hijo destina para el culto divino una propiedad o cierta cantidad de dinero, ya no está obligado a cumplir con el cuarto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre... Con esta manera de proceder se deja de lado la voluntad de Dios, para seguir la tradición que solo beneficia a los sacerdotes del templo.

Conversión del corazón
*Estando en casa, Jesús se dirige a sus discípulos y les dice: Lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre, porque del corazón del hombre salen los malos pensamientos:
-Fornicaciones. Se hace de la persona humana un ‘objeto’ de placer.
-Robos. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero,
  si pierde la vida? ¿Qué precio pagará por su vida? (Mc 8,36s)
-Asesinatos. Mata a su prójimo quien le quita el sustento (Eclo 34).
-Adulterios. Infidelidad a la persona a quien se le prometió amor total.
-Avaricias. Dios le dijo: Necio, esta misma noche perderás la vida,
  y lo que tienes amontonado, ¿para quién será? (Lc 12,13-21).
-Maldades. Alegrarse y gozar haciendo daño a los demás.
-Fraude. Actuar con engaño (‘viveza’) para lograr sus deseos ocultos.
-Libertinaje. El único criterio de acción es el capricho personal.
-Envidia. ¿Por qué miras con malos ojos que yo sea bueno? (Mt 20,15).
-Blasfemia. Alguien considera que no tiene nada que agradecer a Dios.
-Orgullo. Las personas soberbias, autosuficientes y arrogantes miran
  con desprecio a los demás y se consideran ‘el ombligo del mundo’.
-Insensatez. Se trata de personas sin rumbo en la vida, sin proyecto.
Todas estas maldades salen del corazón y manchan al hombre.
J. Castillo A.

jueves, 23 de agosto de 2012

Seguir a Jesús


Domingo XXI, Tiempo Ordinario (ciclo B)

*Nosotros serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios (Josué 24)
*Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Efesios 5,21-32)
*Señor, Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6,60-69)

Jesús, el Buen Pastor, anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios: *A la multitud… a los judíos… a sus numerosos discípulos… *Anuncia también, de un modo especial, al grupo de los Doce… *Sin descuidar el anuncio personal, por ejemplo, a Nicodemo… a la mujer samaritana… al joven ciego de nacimiento…
Cada una de estas tres formas de atención pastoral: multitudinaria, grupal e individual; requieren de una sensibilidad y calidad pastoral, de medios específicos, conocimientos, lenguaje, pedagogía, etc. que a veces no los encontramos en los responsables de la pastoral.

Muchos de sus discípulos abandonan a Jesús
Jesús, fiel a la misión que el Padre le confió, anuncia a sus discípulos que el Hijo del Hombre va subir a donde estaba antes. Según el Evangelio de Juan, Jesús habla de su propia glorificación,
la que se va a realizar a través de su pasión, muerte y resurrección.
Recordemos que en la conversación con Nicodemo, Jesús le dijo: Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del Hombre tiene que ser levantado, para que todos los que creen en Él tengan vida eterna (Jn 3,14-15).
Más adelante, en la ciudad de Jerusalén, Jesús lo dirá abiertamente: Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado. Les aseguro que, si el grano de trigo que cae en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde, pero el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga; y donde yo estoy, allí estará también mi servidor (Jn 12,23-25).
Para muchos de sus discípulos este mensaje es cuestionante, por eso: *Unos critican: Este lenguaje es duro, ¿quién podrá soportarlo? *Otros no creen, entre ellos está Judas Iscariote que lo va a traicionar. *Y no faltan los que abandonan a Jesús y tratan de olvidarlo.

¿También ustedes quieren abandonarme?
El cuarto Evangelio narra con ciertos detalles la primera semana de la misión de Jesús en Galilea. Siguiendo esta narración, el tercer y cuarto día Jesús llama a sus primeros Apóstoles: Andrés, Juan, Simón Pedro, Felipe, Natanael o Bartolomé (Jn 1,35-51). Refiriéndose a ellos, en el Evangelio de hoy, Jesús dice: ¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce?
Ahora bien, ante el abandono de muchos de sus discípulos, Jesús toma la iniciativa, se dirige al grupo de los Doce, y pregunta: ¿También ustedes quieren abandonarme? La respuesta de Simón Pedro es una verdadera confesión de fe: Señor, ¿a quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
Actualmente, muchos católicos abandonan nuestra Iglesia, generalmente, porque no se han alimentado con las palabras de Jesús. Es lamentable que el mensaje de Jesús les ha llegado desfigurado, con preguntas que nadie se hace, y con respuestas que nadie entiende.
Todo ello ha impedido a muchas personas sencillas encontrarse con el Profeta de Nazaret: *Que abraza y bendice a los niños… *Que pide agua para beber, a una mujer que ha tenido cinco maridos… *Que llora por un amigo que ha muerto, y por la ciudad de Jerusalén… *Que nos da su mandamiento: Ámense  unos a otros como yo les he amado.
Por eso, el mayor servicio que puede ofrecer nuestra Iglesia, hoy, es poner al alcance de todos los hombres y mujeres de buena voluntad la misma persona de Jesús y la Buena Noticia que anunció. Los niños, jóvenes y adultos no necesitan escuchar nuestras palabras; necesitan escuchar las palabras de Jesús que son espíritu y vida. Para ello es necesario utilizar un lenguaje: *Que dé sentido a la vida. *Que nos impulse a construir una sociedad más justa y fraterna. *Que sea actual, creíble, persuasivo, entendible y auténtico.
Tratándose de un trabajo pastoral con pequeños grupos, ojalá lo que se dice en el Documento de Aparecida (2007) no sea letra muerta: Las pequeñas comunidades eclesiales son un ámbito propicio: - para escuchar la Palabra de Dios, -para vivir la fraternidad, -para animar en la oración, -para profundizar procesos de formación en la fe, -y para fortalecer el exigente compromiso de ser discípulos misioneros en la sociedad de hoy (n.308).
J. Castillo A.

martes, 21 de agosto de 2012

Elegir: o Dios o los ídolos (Domingo 26 de Agosto)

Lecturas del domingo 21º del Tiempo ordinario. Ciclo B. (Clickar)  
Hay momentos en la vida del hombre en que éste se ve forzado a tomar decisiones importantes que pueden variar el curso de su historia personal. Se ha de optar ya en la adolescencia  por estudiar o no estudiar, o escoger estos estudios o aquellos; más tarde  habrá de decidirse por casarse y formar una familia, seguir la vida religiosa o simplemente mantenerse célibe; también hay que elegir lanzarse a tal o cual negocio, o seguir un estilo de vida u otro. Son muchos los caminos que ofrece la vida, aún más en los tiempos que vivimos en los que el pluralismo de formas de entender la existencia obliga más que nunca a elegir. En otros tiempos la religión, el trabajo, el domicilio, e incluso el esposo o la esposa, te venían dados; otros, generalmente los padres o la familia  determinaban la elección. Hoy tienes que elegir tu religión, tu trabajo, tu modelo de familia,  e incluso algunos  se atreven a afirmar que tu ser masculino o femenino es objeto de elección (?). Sea como sea te encuentras ante la belleza y el riesgo de la libertad.

O Dios o los ídolos

Una vez en la tierra prometida el pueblo de Israel entra en contacto con la cultura y la religión de los que vivían en Canaán; al convivir con la cultura y la religión propias de los pueblos de su entorno muchos israelitas se deslizaron peligrosamente o incluso cayeron en la práctica de sus cultos idolátricos. Josué, sucesor de Moisés,  viendo cercana su muerte, y consciente de la situación, convoca en Siquén  en Asamblea “a todas las tribus de Israel, a los ancianos de Israel, a los jefes, a los jueces y a los magistrados” (Jos 24,1).  Allí les recuerda todo lo que Dios ha hecho por ellos desde la llamada de Abrahán hasta el momento presente (24,2-13), algo que algunos parecen haber olvidado.  Luego pone a los Israelitas en el trance de elegir: “Si os resulta duro servir al Señor, escoged a quién servir: a los dioses a quienes sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrateso a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos 24,15).  ¿Dios o los ídolos? Se trata de una decisión importante para cada persona y cada tribu de Israel, porque de su respuesta dependerá su futuro.

En resumen: ante el riesgo de una pérdida de identidad como Pueblo de Yahvé, Josué invoca la experiencia histórica que les ha configurado como tal y les obliga a decidir.  Y el pueblo decide seguir al Señor: “¡lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros!” (Jos 24,16).  Razones: su propia historia: “porque el Señor nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud, e hizo ante nuestros ojos grandes prodigios” (Jos 24,17); “también nosotros serviremos al Señor, ¡porque él es nuestro Dios!” (24,18); “¡al Señor nuestro Dios serviremos y obedeceremos su voz!” (24,31). Con su respuesta los israelitas renuevan la alianza y nuevamente se obligan a poner los mandamientos como base de su vida personal y social.
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Es hora de decidir

En una situación similar coloca Jesús a sus seguidores. Tras el largo discurso del pan de vida, dice el evangelio que “muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso?" (Jn 6,60). La dureza del mensaje de Jesús les hace entrar en crisis. Jesús les ha dicho que Él es el pan de vida, que nadie puede ir a Él si el Padre no lo envía, que -recordemos que había alimentado a una multitud y muchos le seguían por haberle dado de comer- el espíritu es quien da vida, la carne no sirve para nada. En definitiva, les había dicho que Él era el enviado de Dios, el Mesías, Dios encarnado para la salvación del mundo.  Muchos no fueron capaces de dar el salto a la fe: “Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él.” (Jn 6,66);  Otros sí. Pedro responde por todos ellos: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Y sabemos que Tú eres el Santo consagrado por Dios” (Jn 6,68-69).

Estamos ante un punto de inflexión en la vida de la comunidad de discípulos de Jesús, un momento en el que situada ante Dios le toca decidirse a seguir adelante o echarse atrás. No valen términos medios. 

También tú has seguido a Jesús; has pensado que él puede colmar tus sueños de una vida y un mundo mejores; pero llega un momento en que descubres que te estás buscando a ti mismo en Jesús, te das cuenta de que el seguimiento supone renunciar a “mis sueños”, a “mis planes” para ir tras los planes de Dios (Reino). Y ante tal descubrimiento, que es una gracia de Dios, te entra el pánico por lo que supone de renuncia. ¡La tentación de echarte atrás está servida! Descubres que ya no te puedes dejar llevar por la inercia de una religiosidad tradicional o de costumbre, tienes que “optar”, elegir; no se es cristiano por nacimiento, sino por decisión. Cuando Dios te pone en esa tesitura te está llamando a revisar tu vida y a personalizar  tu fe.  Es hora de renovar la Alianza, de dotar de sentido tu bautismo.

El pluralismo cultural y religioso en que vivimos hoy hace más difícil el arraigo y desarrollo de la vida cristiana; más difícil, pero también más apasionante. Nuestra fe, lo sabemos, es muchas veces vacilante, ritualista y mediocre, una fe de nadar y guardar la ropa. Queremos ser cristianos, pero condicionales: a condición de que pueda aunar mi adhesión a Jesús sin dar de baja totalmente a mis ídolos particulares. Como a los judíos del tiempo de Jesús, nos escandaliza la pretensión de absoluto que reclama Jesús. Lo pide todo, lo exige todo, y yo sólo estoy dispuesto a darle una parte. Me niego a aceptar que quien me ha dado todo tenga ahora derecho a exigirme el todo.
En tiempos de relativismo tanto “todo” resulta escandaloso. ¿Cómo romper la dinámica del escándalo? Primeramente recurriendo a la experiencia: haz una lista, como hizo Josué, de todo lo que el Señor ha hecho contigo, tus  momentos de encuentro con el Señor, las veces que te ha librado del dolor y el sinsentido. Sólo desde la memoria de tu experiencia de Dios podrás decir con Israel: “lejos de mí abandonar al Señor, porque Él me sacó de la esclavitud e hizo ante mí  grandes prodigios” (cf Jos 24,16.17). En segundo lugar convéncete de lo que dice san Juan de la Cruz: “para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada”.Jesús es el “Todo”. Merece la pena dejarlo "todo" por Él. Decídete por su seguimiento; a fin de cuentas: ¿hay quien dé más que él? Reza con Pedro y con toda la Iglesia: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,68-69). También a ellos les mantuvo en fidelidad la experiencia de fe y vida con Jesús.

Casto Acedo. Agosto 2012. paduamerida@gmail.com 26748

lunes, 20 de agosto de 2012

Música, una experiencia.

No hay duda de que la música es capaz de crear emociones en el corazón humano. Subyuga nuestra voluntad racionalista y nos traslada al ámbito de los sentimientos. Ahí vivimos la experiencia del arrebato místico. ¿Qué es un éxtasis sino un "ser sacados de nosotros mismos" y trasladados a un lugar donde no hay conceptos ni ideas, sino solo vida? Descanso del corazón y de la mente. La energía que transmite el sonido invisible de los insrumentos nos redime del agobio de los días malos y de la rutina. Puedes ver esa energía musical emergiendo entre los murmullos de la plaza y aunando la respìración de la ciudad.
Merece la pena ver y escuchar este video, sentir cómo la unión de los hombres, que parecen dispersos y ensimismamdos cada uno en sus asuntos, es posible. No hacen falta palabras, bastan las emociones para comunicarnos la aspiración más sagrada del hombre.
Pon el mejor sonido que tengas en el audio.
No emitas juicios, no calcules, no evalúes...
sólo contempla y disfruta.
Click en el enlace o en la foto.
Casto Acedo. Agosto 2012.

Tabor y cruz (8 de marzo)

  Somos seres en búsqueda; los hombres nos pasamos la vida “buscando”. Buscamos la felicidad,  la suerte, un lugar para vivir, buscamos trab...