lunes, 28 de mayo de 2012

El Ciego Bartimeo (Charla-reflexión sobre Mc 10,46-52)

El pasado 27 de Mayo, fiesta de pentecostés, se celebró en Don Alvaro la Asamblea regional de la Reonovación Carismática Católica (RCC). Me pidieron que les diera una enseñanza sobre el texto "Ánimo, levántate, que te llama", incluido en Mc 10, 46-52, que narra la curación del Ciego de Jericó. Pata la preparación usé de notas tomadas de la  Web Mercabá ( http://www.mercaba.org/) , donde se comenta ampliamente este evangelio del trigésimo  domingo  del cilo B. Asimismo me sirvieron de ayuda el comentario y la canción de Martín Valverde que podéis encontrar en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=SmxC9OMKAds audición que recomiendo por la vivacidad que tiene. Partiendo de esos apoyos y con  el bagaje que uno ha ido adquiriendo con los años construí esta charla-meditación que ahora pongo en esta página. Es un poco extensa, pero espero que eso no sea obstáculo para meditar.  

* * * * * *

CHARLA SOBRE LA CURACION DEL CIEGO BARTIMEO.
EVANGELIO
Como siempre, es la fe la que únicamente puede captar el sentido de un signo milagroso: el ciego Bartimeo no creyó porque fue curado, sino, al contrario, fue curado porque tenía fe.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 10,46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
- Hijo de David, ten compasión de mí.
Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
- Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús se detuvo y dijo:
- Llamadlo.
Llamaron al ciego diciéndole:
- Ánimo, levántate que te llama.
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo:
- ¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
- Maestro, que pueda ver.
Jesús le dijo
- Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

UNA REFLEXION INICIAL SOBRE RAZÓN Y FE

 Razón y fe; hay creyentes convencidos de que lo principal es la fe y la razón es subsidiaria (incluso quienes llegan a decir que para creer hay que prescindir de la razón), y hay quienes lo subsidiario es la fe y lo importante la razón (escamados del dogmatismo intransigente).

Cuando un creyente prescinde de la razón su fe  es ciega; mejor dicho, su fe no es fe, sino ceguera, ofuscación, fanatismo… Tal actitud suele nacer del miedo (¿miedo a que los incrédulos le arrebaten  la fe?) o de la comodidad (mejor no con complicarse con planteamientos complicados) .  Por otro lado,  cuando el hombre prescinde de la fe para ser más racional, se convierte en racionalista, que es otro modo de fanatismo en lo que tiene de fe ilimitada en la razón y rechazo frontal de toda creencia.

No hay nada más hermoso que poder ver: el rostro de la madre, la sonrisa del niño, los ojos de la persona amada, la belleza de la creación, las obras de los hombres  … y para ver nos ha llamado Jesucristo … sentados al borde del camino de la historia estamos aquí, para decirle a Jesús: “Señor, queremos ver” … Porque vivimos en la oscuridad…
·        Hay una oscuridad exterior que requiere de visita al oculista; ¡qué bueno cuando nos gradúa la vista y volvemos a ver como antes! ¡Que alegría de paisajes, de colores, de formas…!
·        Hay otra oscuridad: la del espíritu; también con los años el espíritu se va empañando; perdemos la inocencia y nuestra mirada se vuelve espesa y turbia.: Desconfianza, lujuria, envidias, ambiciones, desengaños, … van haciendo mella en cada uno de nosotros, que seguimos viendo, pero con el enfoque difuso y tergiversado.
·        A los fariseos: “Ay de vosotros “guías ciegos”, que colais el mosquito y os tragáis el camello”  (Mt 23,24; cf 16-38). A los fariseos, a los que obran equivocadamente, Jesús los llama “ciegos”, incapaces de ver, … tanto que Jesús, el mesías estaba ante ellos, pero ellos no fueron capaces de reconocerlo. …
·        «Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.  La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras. Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad.  Si, pues, tu cuerpo está enteramente luminoso, no teniendo parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.  (Lucas 11,33-36).  Hay una oscuridad interior que es peor que la exterior.




VAYAMOS POR PARTES
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó  con sus discípulos y bastante gente.
Jericó, a 37 Kms de Jerusalén, lugar de prosperidad y riqueza, un oasis fertilísimo cuya visión gozó Moisés desde el monte Nebo. En vísperas de Pascua el panorama es fabuloso, paradisíaco… tanto más cuanto que el entorno es desértico y pobre. Un lugar para el descanso; la tentación de quedarse es fuerte. Pero Jesús toma la decisión de salir y ponerse en camino hacia Jerusalén.
Jesús inicia ahí su camino hacia Jerusalén donde será crucificado, y lo hace  seguido de una multitud; cura enfermos, abre los ojos a los ciegos, hecho que recuerda la profecía:  “Entre ellos hay ciegos y cojos… una gran multitud retorna" (Jr 7,8) a Jerusalén después del destierro”. Se va a hacer la luz  sobre Jesús; ya no exige el secreto mesiánico a quienes cura ("no se lo digáis a nadie").
Mucha gente acompaña a Jesús, que triunfaba entonces como predicador y taumaturgo (multiplica panes, cura enfermos,…) Tenía partidarios; unos de su doctrina, otros eran forofos de sus panes, de sus milagros… ¡Qué distintos unos de otros; los que buscan “servir a Dios” y los que buscan “servirse de Dios”… y Él a todos los acoge.
 
El ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.
         El ciego es figura del cristiano, tu tipo y el mío, como lo es  el sordomudo del “éffeta", aquel a quien Jesús le abrió los oídos y le desató la lengua  (Mc 7,34).  El ciego adelanta y contiene a la multitud de creyentes que hemos pasado de la oscuridad a la luz, y que ahora vamos anunciando por el mundo que Jesús es el Mesías (Salvador)
·        El camino por el que pasa Jesús y junto al que está sentado el ciego, mendigando, es también  todo un símbolo: ese camino es el camino de mi vida, y el camino que es el mismo Jesús:  “Yo soy el camino” (Jn 14,6)…
·        Allí, en su camino, sentado como cada día, este ciego pedigüeño y chinchorrero (se debía de enterar de todo lo que pasaba en el pueblo; y había oído hablar de un tal Jesús, famoso predicador y milagrero). Curioso este ciego que pide limosna, tumbado al borde del camino, sentado sobre su manto, o con el manto extendido… manto que tal vez luego le servía de cobijo en el frío del día o de la noche.  

·        El ciego, tú y yo; ciegos, y –permitidme- cómodamente sentados junto al camino, esperando que alguien se compadezca de nosotros. … Pidiendo limosna… mendigando amor, suplicando que se acuerden de nosotros, piltrafas humanas marginales y marginadas por el común de los hombres, orgullosos de su visión.
  Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:   “Hijo de David, ten compasión de mí”
Bartimeo, que ha oído hablar del nazareno, no va a dejar pasar la oportunidad que se le ofrece de salir de su postración:   y GRITA.
Ha aprendido a gritar, a orar con el mismo  grito de Job, el grito de Jesús en la cruz; ese grito es un impulso interior, se llama fe, esperanza… y ya son fruto del Espíritu Santo. Tal vez antes fue mudo en su oración, o desconfiado, o ya no esperaba mucho de la vida, pero al oír hablar de Jesús la fuerza del Espíritu lo mueve, se le despiertan los sentidos espirituales y grita;  antes de recuperar la vista Bartimeo ha recuperado el grito; antes de alcanzar a Jesús ha logrado el espíritu de oración; con ello ha vuelto a la infancia; el que no llora no mama; el grito y el llanto  muestra sin tapujos la indigencia, la debilidad, la necesidad. El grito-llanto del ciego es un gesto de humildad, de necesidad, también de rebeldía, como el grito de Job, como el de Jesús en la cruz

Muchos le regañaban para que se callara.
El grito molesta. Que se lo digan a los padres que oyen llorar y gritar a sus bebés en la noche… El grupo de los satisfechos quieren callar el grito del ciego. Se enfurecen contra el ciego que grita su desgracia; le dicen que se calle. Esos satisfechos (tal vez seamos nosotros) son mucho más ciegos que el ciego, porque no quieren ver que hay ciegos: les molesta ver y pensar en las desgracias del prójimo. Muchos más pobres que el mendigo, porque la pobreza de esos no está en sus ropas o calzado sino en su corazón…. ¡Que se calle ese estúpido!, dicen los bien comidos y vestidos de Jericó … Hay que ocultar la pobreza que nos agua la fiesta.
Los listos, los seguros de sí mismos,  que sabían por donde ir (en este momento van por el camino de Jesús no sabemos por qué) enmudeciendo a quien no sabe por dónde tirar ni como vivir, que grita su desorientación. Los que tienen de sobra haciendo callar a los que no tienen. Cállate, escóndete, no me molestes, no molestes a nuestro Maestro…
Parábola de nosotros mismos:
-que vamos satisfechos por la vida,
-que nos juntamos con el grupo en que va Cristo
-que no queremos que se escuche el grito de los necesitados.
¡Que se callen! ¡Que nos dejen tranquilos! … Que nos dejen ir detrás de Cristo, pero sin mirar ni oír al indigente que grita, porque entonces perderemos nuestra tranquilidad de conciencia.
Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí.
Dicen que San Francisco dictó su cántico al sol cuando ya estaba ciego  y San Juan de la Cruz su cántico espiritual, hablando de “montes y riberas”, de “bosques y espesuras” de “flores y verduras”, en meses de prisión y oscuridad. El anhelo de vivir puede romper la ceguera habitual, del egoísmo que nos corroe. Todos somos ciegos, pero todos podemos hallar luz para caminar. Es preciso anhelar la luz, desearla, gritarla, para acogerla. gritar aunque los que nos rodean nos conminen a que callemos, gritar como israelitas tocando trompetas  frente a Jericó para derribar las murallas que nos rodean. El evangelio no será acogido nunca por los que creen ver sino por los que se saben ciegos, paralíticos, leprosos, y gritan su limitación en espera de socorro.
Hay situaciones familiares, matrimoniales, sociales, mundiales, que parecen cerradas a caminos de mejora. Basta decir “¡como a mi no me afecta...!",  ¡cállate, que me quitas la paz con tus problemas! ¿No sería mejor gritar juntos, ponernos a trabajar abiertos a la esperanza?  Necesitamos superar la ceguera para hallar el camino.  Para ello no basta permanecer sentado al borde del camino, instalados en la dinámica de la queja y la limosna,  hay que levantarse y caminar. No estamos solos, si gritas eres escuchado: “Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá…” (Mt 7,7)
¡Dichoso el que no se cansa de gritar, … porque será escuchado!
 
Jesús se detuvo y dijo: ¡Llamadlo!
Parece que Dios no escucha, que tendrá cosas más importantes que atender, y no tiene tiempo de ocuparse de un pobre ciego marginal  que le suplica. Pero no. Jesús se detuvo. Tendría muchas cosas para ese día, pero lo primero es lo primero: pararse ante quien le necesita. ¿Recordáis la parábola del buen samaritano y cuál fue el pecado del levita y el sacerdote cuando se cruzaron con el que estaba tirado en el camino de Jericó? Su pecado fue pasar de largo.  Jesús se para.
La oración del ciego provoca la respuesta de Dios. A la Iglesia que le acompaña jactanciosa, Jesús le dice (a ti y a mi): “¡Llamadlos!” Dirigíos a los que gritan y traedlos a mi presencia, acercádmelos.… no impidáis que se acerquen a mí; al contrario, facilitadle el que vengan y desahoguen conmigo sus problemas,  porque para esto he venido "para que los que no ven vean y los que ven se queden ciegos" (Jn 9,9)  He venido para sanar a los enfermos; quienes se reconocen como tal y gritan están en camino de curación, pero los que no quieren dar pábulo a su ceguera, los que ya lo tienen todo asegurado y estipulado, los de aquel grupo que no quería dar cabida al ciego  en el grupo de Jesús y le mandaban callarse, esos, que creen ver y no ven, que se niegan a cambiar su vida y las estructuras de su comunidad, esos seguirán presos de su ceguera.
¿Por qué nos empeñamos en hacer una Iglesia de privilegiados? ¿Por qué nos gusta que entren en nuestras iglesias la gente bien y nos molesta que se acerquen los más marginales?  ¿Por qué la misericordia no ocupa el primer lugar en nuestras iglesias? Jesús nos dice: “¡Llamadlos!

Llamaron al ciego diciéndole: Ánimo, levántate que te llama.
No todos los que le acompañaban eran insidiosos e interesados. También había entre ellos gente obediente que evangeliza y acerca a los hombres a Dios… Han sentido la llamada de Dios (Id por todo el mundo y anunciad el evangelio…) y la hacen extensiva: Ánimo, levántate que te llama.  Casi tres frases en muy pocas palabras: ¡Ánimo! (Ten animo), tú que estás hundido por el peso de la vida, cansado de tu trabajo, de tu espiritualidad rutinaria; tú que vives paralizado por tu miedo a la enfermedad, a perder el trabajo, a que te abandonen,  a quedarte sin nada… ¡Animo!, ¡Levántate! Ponte en pie. Hermoso el gesto de tomar de la mano y sentir que alguien te empuja hacia arriba; Jesús levantó de su muerte a la Hija de Jairo, al hijo de la viuda de Naím, a su amigo Lázaro, a los cojos y paralíticos… “Levántate, y toma tu camilla” (Lc 5,24). Hoy también Jesús te envía su  espíritu y te dice “Ánimo, levántate” … que Jesús te llama.  ¿Para qué te vas a levantar? ¿para desperezarte y volverte a dormir? No. Levántate porque Jesús te llama y quiere cambiar a mejjor tu modo de vida como primer paso para el cambio de tu comunidad y del mundo.
La Iglesia (los buenos hijos de la Iglesia) anuncian al ciego que Jesús le llama. El eco de su grito ha llegado al corazón de Dios. Jesús ama a los hombres; a todos, pero especialmente a los que sufren; tiene una opción preferencial por los pobres;  no ama a la multitud anónima, sino a estos hombres concretos que como Bartimeo no dudan en gritar a pleno pulmón lo que otros no se atreven siquiera a susurrar: “Tú eres el Mesías, tú puedes curarme. Hijo de David, ten compasión de mi” (Mc 10,48).  La multitud se agita, pero no se mueve, está en efervescencia, pero no se decide. Son actitudes estériles que no producen frutos, como la higuera que será por eso maldecida: muchas hojas, pocos higos (cf Mc 11,12-14). Bartimeo sale al descubierto, se mueve, actúa…

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Los técnicos discuten sobre para qué usaba el mando: ¿para abrigarse? ¿Para dormir sobre él? ¿Para recoger la limosna? En todo caso, el ciego deja atrás el manto, su vieja forma de vida. Es un gesto de grandeza; lo deja y que lo recoja cualquiera. Aquel manto representa el espacio que le ha asignado el mundo (ciego que no debe estorbar mucho, que no debe molestar más de lo debido, quietecito al borde del camino. Pero él rompe ese destino y se pone en mitad del camino cuando pasa Jesús. Es la insurrección, la libertad recobrada. Decide correr hacia Jesús; este es el milagro: romper las barreras de la gente, ir contra corriente de un mundo que le da la espalda a Jesús y su Iglesia, cortar  los cordones de las costumbres, erradicar las  espiritualidades acartonadas y formalistas de procesiones y golpes de pecho, derribar las líneas de las convenciones sociales hipócritas;, de  los protocolos vacíos,   rechazar los papeles impuestos .
Toca no ser creyente según la ideología socialmente establecida, pero yo me atrevo a serlo, y entro en escena en el momento no señalado. Me abro paso hasta Jesús y me acerco a Él sin miedo, con decisión, delante de los que tal vez también le siguen, pero con otros intereses y unas miras más  bastardas.
Saltar hacia Jesús. Es el momento de la gracia, del encuentro, que el ciego Bartimeo inicia cuando lanza el manto abandonando, antes incluso de ser curado, las muletas, los bienes,  que le sostenían hasta entonces.  Otros dejaron la barca, su familia, su tierra. ¿Qué has dejado tú para salir al camino (encuentro) con Jesús?
El paso del ciego es el primer paso de toda conversión: dejar atrás el hombre viejo dando cabida así al hombre nuevo. Es el salto de la fe que se arriesga a lanzarse al vacío en la esperanza de que Dios le recoge. No es fácil: ¿cómo y de qué voy a vivir ahora? ¿Me abandonarán mis antiguos amigos? ¿Soportaré las risas de los otros porque me confieso creyente y seguidor de Jesús? ¿No seré rechazado por mi nuevo modo de vida?

Jesús le dijo:  ¿Qué quieres que haga por ti?
¿Te crees esta Palabra? Cierra los ojos, sitúate ante Jesús y escucha lo que te dice: ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI? Dios hecho hombre, ha venido a servir… “Para servirle a Dios y a Vd.” …¿Qué quieres de mí?, te dice Jesús.   Es demasiado hermoso para creerlo; el mismo Dios que se interesa por ti; el amo que se pone a disposición del criado.  "¿Qué quieres de mi?".
Jesús no es Papa Noël. No le pidas caprichos, porque no ha venido a dar caprichos al hombre, pero sí a cumplir las promesas de Dios. Y Dios a prometido que los ciegos verán, los cojos podrán andar, los pobres se gozarán con la Buena Noticia, (cf Lc 7,22), los arados se transformarán en podaderas (Is 2,4), las colinas se allanarñan (Is 49,10). Párate un momento y encara la propuesta de Jesús con detenimiento, concretando: ¿Qué quieres que haga por ti? No le pidas nimiedades, ve a lo profundo, ahonda en ti y pide lo que realmente te pueda devolver la vida.  ¿Cuáles son tus cegueras? ¿Dónde están tus sufrimientos? ¿Qué es lo que te impide ver y andar? ¿Cuáles son esos miedos que te paralizan? ¿Qué cadenas te impiden moverte como tú quieres? … Tras considerar tus enfermedades corporales y espirituales: ¿Qué quieres que Jesús haga por ti? Él ha dicho: Yo para esto he venido al mundo: para que los ciegos  vean, los cojos anden, los paralíticos se levanten, los esclavos alcancen la libertad…

El ciego le contestó:  Maestro, que pueda ver.
El ciego Bartimeo era dolorosamente consciente de que privado de la luz de los ojos no podía captar el mundo visible. Su percepción de la realidad material era deficiente, y por eso necesitaba ser guiado; necesitaba que le ayudasen a andar por el mundo de las cosas.
Nuestra ceguera no es material. Pero, como los fariseos a los que critica Jesús, a menudo “somos ciegos” y lo que es peor “guías de ciegos” (Mt 6,16); y dice la parábola más corta del evangelio: los fariseos "son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo" (Mt 15,14). Una parábola que nos invita a tomarnos en serio nuestra visión de Dios, nuestra fe.  ¿Somos conscientes de que también hay una ceguera que nos impide captar la realidad (vida, mundo, relaciones, etc…) desde el horizonte de Dios? Si así es, grita: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi! ... Maestro, que pueda ver".
Decía Saint Exupery, en su obra El principito, que “lo esencial es invisible a los ojos”. A los ojos del cuerpo, pero no a los del corazón.  ¡Maestro, que pueda ver! Ábreme, Señor, los ojos de mi corazón y mi conciencia… para verte.  “Dame espíritu de sabiduría para conocerte. Ilumina los ojos de mi corazón para que comprenda cuál es la esperanza a la que me llamas, cuál la riqueza de gloria que me tienes preparada en herencia” (cf Ef 1,17-19).


Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha curado.
Dice san Pablo que “el justo vivirá por su fe” (Rm 1,17), es decir, alcanzará la salvación no por los méritos de sus obras sino por la sinceridad de su fe. ¡Qué importante es la fe para la vida cristiana! Es verdad que el mandamiento principal es el del amor, pero no se puede separar es  mandamiento de aquel otro que Jesús nos da; “Creed en Dios (mi Padre) y creed también e mí” (Jn 14,1), nos dice. Y también: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza diríais a esa higuera. Arráncate y plántate en el mar, y lo haría” (Lc 17,6). La curación del ciego es obra de Jesús. Y tasmbién es obra de Bartimeo.  Fijaos en él: tuvo fe (creyó que Jesús era el Salvador, e hizo su profesión, rezó su credo: “Tú eres el Hijo de David”, el Mesías…. Y realizó su obra: a pesar de los que se oponían a que se levantase y se acercase a Jesús, escuchó por encima de ellos a qujienes le animaban, dejó su manto y se puso en manos de Jesús. Cuando la fe mueve el corazón y los pies para ir al encuentro con Dios se produce el milagro.  Por eso Jesús dice: Tu fe te ha salvado.  Sin ella Dios, que respeta profundamente la libertad del hombre, no hubiera actuado. ¡Qué importante es la fe!

Y al momento recobró la vista  y lo seguía por el camino.
Termina el relato de la curación del ciego Bartimeo con un detalle que indica que no todo se quedó en anécdota. La fe incipiente del ciego y su posterior curación maduraron en el seguimiento de Jesús.
El ciego es el tipo del hombre que desde lo profundo de su ser, desde sus oscuridades y contradicciones,  reconoce en Jesús al Mesías y al Maestro. La Palabra de Jesús le devuelve la vista como respuesta divina a la fe que ha puesto en Él. Luego este hombre sigue a Jesús hasta Jerusalén, lugar de la muerte, lugar de la resurrección; es decir, el ciego convertido camina en el mismo sentido que Jesús, une su destino al de Jesús.  ¿Qué hicieron los otros? Posiblemente aquellos ciudadanos amigos del descanso y el ocio acompañaron a Jesús un tramo del camino (hasta que empieza la dura subida a Jerusalén) y luego quedan pocos, entre ellos el ciego curado (recién convertido). Una lección final : la tierra prometida se puede conseguir abandonando pronto Jericó (consumo, instalación, comodidad…) y ambarcándose con Jesús en la tarea del Reino.
CONCLUSION:  Ánimo, levántate que te llama.
La historia del ciego Bartimeo es tu propia historia. Tú eres el ciego. Tú eres la multitud que quiere acallar la voz del ciego. Y tú eres quienes le dan ánimo diciéndole: “Levántate, que te llama”.
Como personas, cada uno debe abrir a Dios el corazón en el día de hoy gritándole por la propia sanación. También por la sanación de los hermanos: "Hijo de David, ten compasión de mi … ten compasión de mi comunidad..., ten compasión de N...." . Hermosa oración, de inspiración evangélica para ser practicada.
Como Iglesia (RCC) somos llamados a seguir los pasos de Jesús, pendientes de los ciegos que andan al borde del camino mendigando sentido para sus vidas. A esos hemos de hablarles de Jesús, para que lo conozcan, para que sientan hambre de Él y para que ellos mismos griten sin miedo llamando a Jesús; nosotros les diremos entonces: “Animo, no tengas miedo, que Jesús te llama”.
Casto Acedo Gómez. Mayo 2012. paduamerida@gmail.com.

martes, 3 de abril de 2012

Amor, Eucaristía, Sacerdocio, (Jueves Santo)

Celebrar el Jueves Santo es celebrar lo esencial de la espiritualidad cristiana concentrado en un día. En su última cena con los suyos, cuando Jesús ve llegar su hora (Jn 13,1), se comporta como un padre despidiéndose y dando los últimos consejos a sus hijos. En la Cena de Pascua, pues, el Señor dió entonces a sus primeros seguidores y nos da a nosotros hoy su testamento; nos pasa el testigo de un tesoro muy valioso: su modo de vida.

Tres son las cláusulas del testamento de Jesús:

1) "Amaos los unos a los otros como yo" (Jn 15,12). Es verdad que el mandamiento del amor no es una novedad absoluta; ya existía en el Antiguo Testamento ( Lv 19,18) y en los escritos sagrados de otras religiones. La novedad está en el “como yo”, es decir: amad hasta el final, hasta la muerte; amad incluso “a vuestros enemigos, … porque si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿No hacen eso también los publicanos? (Mt 5,44.47). Ese amor “como yo”, amor gratuito de Dios, rompe todos los esquemas, porque supone configurarse con el mismo Cristo, vivir como Él vivió. “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15).

2) "Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11,23). ¿Qué es lo que tenemos que recordar y hacer? Sobre todo la vida de Jesús, su misericordia para conmigo y para con todos los hombres, especialmente los más pobres. La misa se llena de sentido cuando se conecta con la vida. Reducir la Eucaristía a la repetición de un rito mágico por el que nos llega la vida de Dios es un empobrecimiento de su sentido. Celebrar la Cena del Señor no es, ante todo, celebrar la comunión (en el sentido en que se hace en las primeras comuniones, o en las comuniones rutinarias de cada misa dominical o de cada día), sino hacerlo dejándose envolver por el significado de ese gesto: “mi cuerpo entregado, … mi sangre derramada” (Lc 22,19). Quien recibe el Cuerpo de Cristo (el pan eucarístico) sin darse a los demás como Jesús, no es digno del Cuerpo y la sangre del Señor (cf 1 Cor 11,28-29).

3) El tercer regalo que nos hace el Señor en la tarde del Jueves Santo es el don del sacerdocio. Se trata de algo especial que no se puede desligarse de los dones mencionados anteriormente porque está íntimamente ligado a ellos. Además, el sacerdocio es inseparable del don mismo de la Iglesia. Algún teólogo ha dicho que al invitar a los suyos a reunirse para repetir el gesto de su vida, y especialmente el gesto de la última cena (“Tomad, comed. … Tomad, bebed”), Jesús está fundando la Iglesia. Y no le falta razón. Por parte de Jesús hay una voluntad de continuidad de su ministerio en el grupo al que le encomienda estos misterios en la Cena Pascual. Podemos decir que la Iglesia se perfila ahí como proyecto de amor, es engendrada en la cruz que reconcilia y atrae a todos hacia Él (Jn 12,32) y ve la luz con la efusión del Espíritu en Pentecostés (Jn 20,22-23; Hch 2). El sacerdocio ministerial es inconcebible sin la comunidad eclesial; el sacerdote consagrado por el Sacramento del Orden no es otro Cristo en medio de la nada, sino insertado (encarnado) en la Comunidad cristiana a la que sirve.

El testamento de Jesús marca unos hitos, unas lugares de encuentro donde el discípulo podrá experimentar su cercanía cuando ya no esté entre nosotros. Como dice el prefacio de la Ascensión, Jesús  "no se ha ido para desentenderse del mundo", sino que  sigue presente a ti en el hermano, especialmente el que necesita más de tu amor, y que generalmente suele ser el menos amable, bien porque la enfermedad, la vejez, la opresión, la pobreza o la violencia han deformado su cuerpo, o porque el sufrimiento le ha agriado el carácter. También se haya presente el Señor en los dones eucarísticos, en el pan y el vino consagrados, presencia real, sacramento, signo visible de lo invisible. Y, cómo no, a Jesús lo encuentras en la Iglesia, comunidad de servicio, presnte allí donde dos o más permanecen unidos o se han reunido en el nombre del Señor (Mt 18,20). También en el sacerdote, enviados a tu comunidad para dinamizar la evangelización,  administrar los sacramentos y promover la caridad, puedes encontrar a Cristo. Dios está, pues, contigo y con todos en este Jueves Santo. Hoy puedes recibir más conscientemente ese amor que derrama sobre ti cada día.

Casto Acedo. Abril 2012.  paduamerida@gmail.com. 18450

jueves, 29 de marzo de 2012

Sobre la reforma laboral.

El obispo de Ciudad Real, Dn. Antonio Algora,  ha publicado en el semanario de su Diócesis una carta donde  se muestra crítico con  la “reforma laboral” planteada por el gobierno.  La carta pone el valor de la persona, en este caso el trabajador,  por encima de cualquier otro interés, lo cual le confiere a este escrito  una calidad netamente cristiana. Aunque podéis leer la carta en su integridad, destacaría la afirmación de que "nadie habla de provisionalidad en las medidas que se están adoptando", y la aclaración del hecho de que "las personas no son tan flexibles, tan elásticas, como nos quieren hacer creer".  Nadie niega que tengamos que apretarnos el cinturón, pero que sean todos, y si alguien ha de excluirse que no sean los ricos y poderosos sino los más débiles. Y que el recorte  sea provisional y no para siempre, porque entonces no estaríamos hablando de reforma laboral puntual sino de cambio  de paradigma social.
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No me toca a mí juzgar de la conveniencia o no, en el aspecto técnico y jurídico, de una Ley en un momento determinado en el que la sociedad entera está amenazada por una Crisis global sin precedentes en la historia humana. Los ciudadanos de la calle no tenemos elementos de juicio suficientes para dar una opinión técnica en temas cada vez más complejos. En estos momentos, nos hemos de fiar de las instituciones que deben entender de problemas de tan gran magnitud. Por esto, les debemos exigir a dichas instancias políticas, sindicales, empresariales, financieras y a los distintos colectivos de expertos que actúen con responsabilidad y, si siempre tenemos todos la obligación de construir el bien común, anteponiéndolo a intereses particulares, ahora más que nunca corresponde mayor obligación al que más puede.
Dicho esto, de lo que sí estamos en condiciones de juzgar es de la bondad o maldad de una Ley que rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles.
Nadie habla de provisionalidad en las medidas que se están tomando, luego lo que se quiere hacer es establecer un "mercado de trabajo" en el que los empleadores hagan y deshagan a su antojo, olvidando que el "empleado" posible es, ante todo y sobre todo, "persona" a la que otros han dado la vida, la han educado, tiene necesidades básicas: familiares y sociales, no es una mera fuerza de trabajo que se admite o despide unilateralmente y durante un largo periodo de tiempo, pues, en un año de provisionalidad en el empleo (esto es lo que dice la Ley), puede ocurrir de todo, desde una gripe a un suceso familiar al que hay que atender antes que a cualquier otra urgencia de la vida de la empresa. Las personas no somos tan flexibles, tan elásticas, como nos quieren hacer creer.
¿De verdad no hay otras soluciones para crear puestos de trabajo? Parece mentira que a día de hoy tengamos que echar mano de usos del pasado que trajeron tanta injusticia y explotación a los trabajadores. Con estas medidas y sin meterme a profeta, se van a conseguir los mismos frutos de un pretendido bienestar, hasta es posible, pero no habremos avanzado nada en que el trabajador se sienta realizado con su trabajo y le sirva para llevar una vida estable y sin sobresaltos; que haga posible la familia, la educación de los hijos, el tejido social compacto y fuerte que hace personas y países fuertes para soportar las inclemencias de las coyunturas históricas.
Y, si no queda más remedio que aplicar hoy estas medidas, ¿no han de ser complementadas por otras en las que lo central sea la vida de las personas? ¡Tantos avances tecnológicos para esto! Da la impresión de que las sociedades desarrolladas van a ser las que más poder concentren en menos manos y esto no se corresponde con las aspiraciones de una sociedad democrática avanzada. Los jefes políticos europeos toman sus medidas por vía de urgencia sin apenas contar con los parlamentos respectivos; los poderes financieros se están concentrando en muy pocas manos. No sé si es muy descabellado pensar que, en el río revuelto de la Crisis, están pescando los más poderosos sin contar con la opinión de la sociedad.
Elevemos nuestras oraciones para que Dios nuestro Señor cuide de los más perjudicados de esta malísima situación que ya cuenta en nuestra España con más de once millones de pobres.
                                                    Vuestro obispo,
                                                       + Antonio.

C.A.  18231

miércoles, 28 de marzo de 2012

Contemplar la Pasión (Domingo de Ramos)

La distancia entre Dios y el hombre es infinita. El abismo entre el amor de Dios contemplado en la Pasión de Jesús y el amor del hombre frecuentemente inclinado al egoísmo, es insalvable. Quien escucha  la pasión de Jesús -escuchar es más que oír-, quien se adentra en el misterio del dolor de Dios en la cruz, quien se hace uno con Cristo y vive su pasión con Él, queda impactado por tanta grandeza revelada en tanta humillación. Pero no es así para todos. En tiempos de secularización, de olvido de Dios, de religiosidad superficial y folklórica, la pasión sigue suscitando la admiración, pero también el rechazo de quienes ven en ella sólo el lado oscuro de la Pascua, el fracaso y no el éxito del amor. Por otro lado, son muchos los que,  satisfechos de sí mismos, quieren escapar a la dimensión profética de los relatos de la pasión refugiándose en interpretaciones estéticas o folklóricas.

¿Qué mirada dedicaremos este año a la pasión del Señor? ¿Cómo enfocar la Semana Santa? Porque podemos pasar por ella con distintas actitudes:
 
a) Una actitud totalmente profana, viviendo la Semana Santa con la mirada de los curiosos que contemplan las escenas de la pasión en la lejanía y la frialdad; visión del turista, ave de  paso que ve las cosas de manera externa y transitoria, con la mirada virtual  de quien pasa por allí coleccionando fotos para el recuerdo. ¿No es una profanación situarse ante pasos y penitentes con el morbo del televidente que se regodea en la privacidad y el sufrimiento ajeno y hace de él espectáculo y comercio?  Puede que pasemos estos días observando desde la frialdad e indiferencia, como solemos pasar ante el espectáculo vergonzoso de la telebasura, ante las imágenes de guerra, opresión y terrorismo que nos sirven los mass media, o como pasamos, ¡Dios no lo quiera!, junto a tantas familias que ya viven su pasión particular por la falta de recursos con que vivir dignamente.

b) Una actitud artística. La pasión es posiblemente el motivo artístico más representado de la historia. Pintura, escultura, música, literatura, arquitectura... han exaltado la pasión. Y en estos días pasearán por nuestras calles auténticas obras de arte sacro. Las cadenas de televisión ofrecerán a nuestra consideración procesiones y celebraciones litúrgicas, con sus esculturas,  ritos y cantos de indudable valor artístico. Pero ¡cuidado! Que el arte es expresión de la trascendencia del hombre, de su “ir más allá de las cosas”, la belleza nos acerca al que es “la suma belleza”, pero también puede cegar los ojos, dejándonos ver sólo el valor material, fruitivo, subjetivo, sin transcendernos al “más allá”, a la experiencia del encuentro con el que es la Belleza absoluta. Ante una obra de arte religioso no podemos escamotear la pregunta acerca del misterio que quiere reflejar.

c) Más allá, y sobre las dos actitudes mencionadas, la Semana Santa está pidiendo de nosotros una actitud plenamente religiosa, lo cual requiere unas condiciones, las mismas que mostró Jesús en su pasión; las mismas que, meditado, nos descubre el canto tercero del Siervo de Isaías (50,4-7):

*Actitud de escucha: “Mi Señor, cada mañana, me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me ha abierto el oído; y yo no me he revelado ni me echado atrás” (Is50 4b-5). La Pasión -Semana Santa- es lenguaje de Dios, Palabra de Dios. Y una Palabra dura, que invita a bote pronto al rechazo. Para que esto no ocurra debemos evitar acercarnos a ella como extraños y hacerlo  como “iniciados”, como discípulos. Cualquier no-creyente que levanta su vista al crucificado sólo encuentra en esa imagen motivos de escándalo; no querrá ni oír hablar de un camino de dolor y sufrimiento; y mucho menos de un Dios sufriente. ¡Qué absurda contradicción! A la Pascua se accede desde la “escucha”, desde la actitud del discípulo, del iniciado, que sabe que adentrarse en el misterio de Dios sólo es posible como don del mismo Dios: “El Señor Dios me ha abierto el oído”. Pídele a Dios el don de “escuchar sin echarte atrás” (Is 50,5).
 
* Actitud de recibir para dar, para decir. La Pasión no es lenguaje de Dios cerrado sobre sí mismo. La pasión y muerte de Jesús adquiere sentido porque fue una pasión y muerte “por” nosotros, “para” nuestra salvación. “Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento” (Is 50,4a). En la pasión Dios quiere “decir” algo; se dirige a los abatidos y les anuncia que, a pesar de tanto sufrimiento, a pesar del abandono al que están sometidos, Dios no les da la espalda. “Porque el Señor está conmigo –dice el justo injustamente perseguido- sé que no quedaré avergonzado” (Is 50,7b). Vivir estos días en actitud religiosa nos capacita para “decir”, para ser también nosotros lenguaje de Dios, para dar una palabra de aliento a nuestro corazón abatido y al corazón abatido de tantos hermanos que están esperando de nosotros una respuesta a la pregunta sobre el mal y el dolor propio y ajeno. Viviendo religiosamente la Semana Santa evangelizamos a los hermanos; nos hacemos nosotros mismos palabra de Dios para los demás.

*Ese “decir” no es sólo teórico. El “decir” de Dios es “obrar”, porque en Dios la Palabra es Verbo, acto de Dios. Yo, nos dice el Siervo, “no me he revelado ni me he echado atrás” a la hora de arrimar el hombro en la tarea de vencer el dolor y la muerte. “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos” (Is 50,6). Le sostiene una fe que da fuerzas para lo imposible: “Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido” (Is 50,7a). La semana Santa no es retórica sino práctica; si algo tiene de teoría es para explicar lo que previamente se ha practicado. No olvidemos que antes que narración, la pasión fue acto, acontecimiento. Por eso, sólo cuando se vive en la propia carne la pasión del rechazo, del abandono, de la entrega generosa por los más pobres y desgraciados de entre los nuestros, sólo cuando se vive en la propia carne el “sacrificio”, se abre el oído y el entendimiento al mensaje del Siervo. Sólo cuando de hecho se muere con Cristo, se resucita con Él. No hay por tanto Semana Santa sin inmersión en el sufrimiento del mundo, sin hacer lo imposible por caminar con Cristo buen samaritano cargando la cruz de los que viven sumergidos en la crisis, sea esta económica o existencial

Entra en Semana Santa con espíritu de escucha, con el oído abierto; deja a un lado la pasión del folklore y del turista, la pasión epidémica del documental televisivo. “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme” (Mt 8,22).

Casto Acedo. Marzo. paduamerida@gmail.com   18171

viernes, 16 de marzo de 2012

Día del Seminario 2012

Excelente el video de la campaña institucional del día del Seminario.
No hace mucho la revista norteamericana Forbes daba la noticia de que él trabajo de sacerdote es el que más satisfacciones da.
La campaña de este año para las vocaciones en el día del Seminario,
que se celebra el día de san José -19 de Marzo-. 
se apoya en ello.

Puedes verlo en:

o haciendo click en la foto.



17160

lunes, 5 de marzo de 2012

Nemesio Frías, misonero natural de Hornachos.

Hay mucha gente buena por el mundo, a veces las tenemos  tan cerca,... pero no las vemos. Te invito a ver esta entrevista de Todo TV (de Manos Unidas, Campaña contra el hambre), a Nemesio, natural de Hornachos y que lleva varios años trabajando en Zimbawe. Como paisano suyo doy fe de su bonhomía y de que esa tranquilidad que muestra en la entrevista no es impostada. Es un hombre tranquilo que sabe hacer las cosas bien. Merece la pena escucharle, eso sí, sin prisas, saboreando lo que dice.

Clickar en

o en la foto:



Casto Acedo. 16421

Tabor y cruz (8 de marzo)

  Somos seres en búsqueda; los hombres nos pasamos la vida “buscando”. Buscamos la felicidad,  la suerte, un lugar para vivir, buscamos trab...