jueves, 11 de abril de 2013

¿Me amas?... Apacienta mis ovejas



III Domingo de Pascua (ciclo C)
Hch 5,27-41  -  Ap 5,11-14  -  Jn 21,1-19


Simón Pedro: entre luces y sombras
Un día, Andrés va en busca de su hermano Simón para decirle: Hemos encontrado al Mesías, al Cristo, y lo condujo a Jesús.
Jesús le dice: Tú eres Simón… tú te llamarás Pedro(Jn 1,35-42).
*Más tarde, cuando muchos de sus discípulos abandonan a Jesús, Pedro dice: Señor,… tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios (Jn 6,66-68).
*Cuando Jesús va a lavarle los pies, Simón Pedro le dice: Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí? Entonces Jesús le responde: Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, más tarde lo entenderás… Si no te lavo los pies, no podrás compartir mi suerte (Jn 13,6-9).
*Luego, durante el discurso de despedida Simón Pedro le dice a Jesús: Señor,
¿por qué no puedo seguirte? Daré mi vida por ti (Jn 13,36ss).
*Sin embargo, después que tomaron preso a Jesús, Pedro le siguió
y, en la casa de Anás ante una criada, negó conocer a Jesús (Jn 18,15-27).
¿Todo habrá terminado con la muerte dolorosa de Jesús en Jerusalén?
Lo cierto es que Pedro y seis compañeros abandonan Jerusalén.
Sea por temor a perder la vida, por el desaliento que experimentan,
o por querer olvidar aquellos hechos terribles, ellos vuelven a Galilea.
Allí tratarán de retomar la vida que llevaban antes de conocer a Jesús.
*Simón Pedro toma la iniciativa y les dice: Voy a pescar.
Ellos le responden: Vamos también nosotros contigo.
Pero algo no funciona. Trabajaron toda la noche y no pescaron nada.
Ellos que son expertos en las tareas del mar ni siquiera pueden pescar.
*Las personas que han sufrido: encarcelamiento, torturas, violación,
desplazamiento, muerte y desaparición de sus seres queridos,…
conocen mejor la frustración que siente Pedro y sus compañeros.
A través del activismo buscan: -distanciarse del dolor  padecido…
-rehacer sus vidas destrozadas… -olvidar lo que les ha ocurrido… 
pero, todo es en vano…  ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo reconciliarlos?

Un modelo de reconciliación integral
En el encuentro de Jesús con sus discípulos, en el lago de Tiberiades,
vemos los pasos que se deben dar en todo proceso de reconciliación;
para que las víctimas se reconcilien y sean víctimas reconciliadoras.
*Acompañar: Al amanecer Jesús se presenta en la orilla
Jesús observa el fracaso de sus discípulos en su intento por pescar.
Quizás, por olvidar los acontecimientos dolorosos de Jerusalén,
todos ellos -sin darse cuenta- han estado pescando en el mismo lugar.
Jesús se dirige a ellos y, para sacarlos de la obsesión en que están,
les dice: Echen las redes a la derecha de la barca y pescarán
Acompañar a las víctimas exige tener paciencia y capacidad de oír,
para que expresen -una y otra vez- la pesada carga que llevan consigo.
*Acoger: Jesús les dice: Vengan a desayunar
Luego Jesús crea un ambiente de confianza, seguridad y hospitalidad,
preparando  el desayuno, pidiéndoles traer algo de lo que han pescado
y, como en otra ocasión (Jn 6), Él mismo se puso a servir la comida:
Toma el pan y lo reparte entre ellos, lo mismo hace con el pescado.
Estos gestos ayudan a preparar a las víctimas para que la gracia divina
restaure sus vidas y, así, asuman el pasado de una manera diferente.
*Reconciliar: Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Al terminar de comer, Jesús se dirige a Simón Pedro, no para remover
aquellos dolorosos momentos en que Pedro le abandonó y le negó.
En vez ello, Jesús le pregunta: Simón, ¿me amas?... ¿me quieres?...
Esta sencilla pregunta debió impresionar a Pedro, quien entristecido
le responde: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.
La reconciliación es una experiencia de resurrección, que nos lleva
a participar de lo que Dios ha obrado en Jesús para nuestro bien;
y restable también nuestra dignidad humana: ser imagen de Dios.
*Encomendar una tarea: Apacienta mis ovejas
A Pedro que un día negó conocer a Jesús, se le encomienda ahora
mantener vivo el recuerdo de Jesús en aquella comunidad naciente.
Se le confía también cuidar y apacentar el pequeño rebaño de Jesús.
Todo esto permite a Pedro recordar su pasado de manera distinta
y contribuir, en adelante, para crear una comunidad donde todos/as
se amen mutuamente como Jesús nos amó (Jn 13,34-35).
¿Los gestos de acompañaracoger reconciliar… y encomendar
tareas… se llevan a cabo en nuestras celebraciones litúrgicas? 
J. Castillo A.

viernes, 5 de abril de 2013

Resurrección e Iglesia (Domingo 2º Pascua C; 7 de Abril)

 
 Pedro y Tomás, la Iglesia incrédula y creyente.
 
Es sorprendente el grado de consideración que la primera Iglesia de Jerusalén disfrutaba en sus primeros tiempos: “La gente se hacía lenguas de ellos…. Sacaban los enfermos a la calle y los ponía en catres y camillas, para que al pasar Pedro, su sombra cayera sobre alguno” (Hch 5,15). Sin duda alguna, la fe de Pedro (la Iglesia) empezaba a ser motivo de esperanza para los que vivían en la desesperación. Los atribulados se acogían a la sombra de la Iglesia hallando en ella una nave de salvación. Sin duda alguna el grupo de los primeros seguidores de Cristo tras su partida eran prolongación del mismo Señor que estuvo con ellos, murió, resucitó y se marchó a los cielos. La primera generación de cristianos mostraban a sus contemporáneos una Iglesia ilusionada e ilusionante, bien asentada en la fe. Habían vivido cerca de Él, habían oído su predicación, visto sus signos y milagros; muchos, como el mismo Pedro, pecaron de cobardía en el momento de la cruz, pero la resurrección restauró en ellos el valor y la determinación por el Reino.
 
Hubo quien pecó por falta de fe, y que ha pasado a la historia como “el incrédulo”, aunque haciendo justicia, hemos de decir que finalmente creyó. Nos referimos al apóstol Tomás. ¡Todo ha sido un fracaso!, pensaba Tomás, y también lo pensaron los demás discípulos que huyeron despavoridos al ver cómo prendían, juzgaban y crucificaban a Jesús. ¿No es motivo para la desesperación ver cómo aquel en quien has puesto tu confianza es condenado por impostor, muerto en cruz y sepultado? Tomás había dado ya muestras de pesimismo quejándose irónicamente cuando Jesús decide a ir a Betania a ver a Lázaro aún sabiendo que le buscaban para matarle: “vayamos también nosotros a morir con él” (Jn 11,16), dijo; fue también Tomás quien puso inconvenientes a Jesús cuando invitó a los suyos a seguirle: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn 14,5); finalmente, tras la resurrección, Tomás, a pesar de que los otros le comunicaron su experiencia de fe -"¡Hemos visto al Señor!" (Jn 20,25)-, sigue en su incredulidad; por más que intentan convencerles los otros discípulos, él quiere pruebas. Y las tuvo. El mismo Jesús le concede el don de verlo y palparlo: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos, trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente” (Jn 20,27). La respuesta de Tomás es todo un ejemplo de oración penitencial, de humilde arrepentimiento y fe sentida: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Jn 20,28). Toda una confesión de arrepentimiento y fe en cinco palabras.
 
Iglesia y resurrección
 
Fueron los duros acontecimientos vividos los que alimentaron las dudas de Tomás, las mismas dudas que el maligno pretende sembrar en nuestros corazones cuando pone ante nosotros una Iglesia en decadencia, pecadora e indigna de ser creída. Muchos la han abandonado: "Nosotros creíamos que era una Iglesia inmaculada y perfecta en sus miembros e instituciones, y ya veis, es débil, pecadora y menos atractiva de lo que nos pareció en principio”. Como Tomás, somos pesimista, y sólo vemos en la Iglesia lo negativo: una institución decadente y sin futuro. Pues bien ¿qué futuro había tras la muerte de Cristo? ¿No era lógica la decepción de los de Emaús (cf Lc 24)? ¿Acaso el miedo de los discípulos (Jn 20,19) no era un signo de que todo estaba acabado? Pero todo pesimismo, toda decadencia y decepción fueron superados por la fe en el Resucitado.
 
Contra el pesimismo eclesial, píldoras de resurrección. ¿Qué somos los cristianos sino la comunidad de aquellos que han experimentado -sentido y creído- la Resurrección? Esta experiencia de Jesús resurrección es la que dio lugar al nacimiento de la Iglesia. Las primeras comunidades cristianas fraguan su optimismo y su comunión en torno a una fe común que en su núcleo esencial se resume en esta afirmación: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón! (a la Iglesia)” (Lc 24,13). La fe en el resucitado confluye en la Iglesia-Comunidad.
 
Nacida de la resurrección, La Iglesia Pascual muestra unas características muy peculiares que nos ayudan a entendernos a nosotros mismos y a nuestros grupos de fe (comunidad, parroquia):
 
a)    Una Iglesia que busca renovarse deja que Cristo sea su centro: “Entró Jesús, se puso en medio, … y les enseñó las manos y el costado” (Jn 20,19). Jesús es el eje de la comunidad y hay que dejarle paso para que se coloque en medio de la misma. No pasemos por alto el mensaje de resurrección que nos da el Apocalipsis, un libro dirigido a cristianos que viven en la persecución (Ap 1,9) y que necesita ser animado; ¿cómo elevar su moral en tiempos de "ausencia de Dios"?  El libro lo hace proclamando con fuerza la victoria definitiva de Cristo sobre la violencia y la muerte. Por boca del mismo Cristo resucitado se da un mensaje de alegría en tiempos de tribulación: “No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la Muerte y del Infierno” (Ap 1,17-18). Vueltos hacia Cristo venceremos.

b) La Iglesia debe ser alegre, no con la alegría impostada de quien hace fiesta para olvidar las penas, sino con esa alegría que nace del encuentro con quien da luz y sentido a esas mismas penas: “Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor” (Jn 20,20).
 
c)   “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 19,22). La fuerza de la Iglesia no está en sus miembros sino en el Espíritu del Resucitado, porque “Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros” (Rm 8,11). Con la invocación al Espíritu, con la oración personal y comunitaria, la Iglesia muestra la realidad de su pobreza y su dependencia del poder que viene de Dios. No olvidemos que la Iglesia, engendrada en la Pascua ve la luz en Pentecostés, la fiesta del Espíritu.  
 
d) Iglesia reconciliada y reconciliadora: “a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 19,23). En la Cruz de Jesús Dios reconcilió al mundo consigo (2 Cor 5,19); la muerte-resurrección confiere a la Iglesia el poder y la fuerza de reconciliarse y de ser signo de reconciliación. Lo que el pecado dispersó lo reúne la gracia de la resurrección. La Iglesia es la comunidad *de los reconciliados con Dios (fe), *de los reconciliados con el prójimo (fraternidad), y *de los reconciliados consigo mismo, (los que han encontrado en Jesús el sentido de su propia historia).
 
e) Iglesia misionera: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo” (Jn 20,21). Con la resurrección y ascensión comienza el tiempo de la Iglesia, “ser misionero” no es una opción libre del cristiano sino una exigencia de su fe. Todo bien tiende a comunicarse necesariamente, en nuestro caso: la experiencia del Dios vivo, o se anuncia a otros o es un bien engañoso y falso
 
f) Digamos también que la Iglesia es instrumento de paz. Por tres veces, en el texto de Jn 20,19-31 Jesús se dirige a los suyos diciéndoles: “paz a vosotros” (Jn 20, 19.21.26). En Cristo halla el cristiano la paz, y en nombre del Señor la asume y la difunde para la edificación de los pueblos y la construcción de un mundo más justo y fraterno. 
 
g) Finalmente, en este año de la fe, anotamos que la Iglesia es comunidad de fe. “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que creen sin ver" (Jn 20,29). Dichosa Iglesia que cree, como María de Nazaret, que lo que le ha dicho el Señor se cumplirá (Lc 1,45). 
 
La clave está en el Resucitado
 
No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive" (Ap 1,17). Jesús dice :«Yo soy». ¿Qué importa que lo que nosotros seamos, que a menudo somos basura, escoria, depresión, tristeza, dolor, sufrimiento, muerte..., es decir “no somos”? Si Cristo es el que tiene las llaves de la Muerte y del Infierno, y si sabemos que ha apostado por el hombre, si Cristo es ¿qué podemos temer?; ya estamos salvados. Basta que la fe nos haga resurgir del barro y la ceniza activando en nosotros la vida nueva de la justicia y el amor. Cristo Resucitado es la clave (cf Hch 4,11; Ef 2,20): vivir una vida centrada en Cristo es haber hallado la llave de la propia historia, el sentido de la vida.

Lee y medita el evangelio de Jesús, “escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis viada en su nombre” (Jn 20,31). Considera hoy tu fe, profundiza en el sentido eclesial de tu vida cristiana, y pon a Cristo como la piedra angular (clave) de tu historia personal, social y eclesial. Y celebra con gozo el domingo, “el primer día de la semana”, el mismo día en que Juan recibió ánimos cayendo en éxtasis y entendió sus sufrimientos (cf Ap 1,9-10); al domingo también se le llama el “octavo día” (Jn 20,26), porque apunta optimistamente al futuro. No faltes a la celebración de la Eucaristía dominical, consciente de que en ese día, el domingo, nació la Iglesia y que domingo a domingo se va construyendo. El día del domingo es una gracia del Señor para ti, un regalo que no debes despreciar ni dejar de valorar en toda su riqueza. ¿Porqué es un día diferente de los otros días? Porque en este día el Señor te libró del dominio del pecado y de la muerte. ¡Feliz Domingo!, día del Señor.
 
Casto Acedo Gómez. Abril 2013. paduamerida@gmail.com. 58865

miércoles, 3 de abril de 2013

Creer sin haber visto


II Domingo de Pascua (ciclo C)
Hch 5,12-16  - Ap 1,9-19  - Jn 20,19-31

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana

Después de la Última Cena y cuando el peligro todavía estaba lejos, Pedro dice a Jesús: Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.  o mismo decían los demás discípulos (Mt 26,35). Sin embargo, cuando tomaron preso a Jesús, todos le abandonaron y huyeron.
Después de los acontecimientos dolorosos del aquel viernes, los discípulos están con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Viven atemorizados, pues si Jesús ha sido crucificado como revoltoso, el mismo castigo pesa sobre ellos en caso de ser apresados.
Además, están preocupados pues todos ellos por salvar sus vidas, abandonaron a Jesús y, lo que es peor, Pedro negó que le conocía. Es la triste situación de una comunidad de creyentes sin Jesús…
Fue entonces cuando Jesús Resucitado se presenta en medio de ellos,
para rehacer sus vidas a través de un proceso de reconciliación.
*Jesús, injustamente crucificado, lo primero que les anuncia es la paz.
Sus discípulos saldrán de aquel encierro no para vengarse ni matar,
sino para ser mensajeros de la paz: La paz les dejo, les doy mi paz
*Luego les muestra las señales de su martirio: las manos perforadas 
y el costado abierto. Si Jesús murió así por anunciar el Reino de Dios,
sus discípulos no deben tener miedo a dar su vida por la misma causa:
Ellos se fueron contentos de sufrir por el nombre de Jesús (Hch 5,41).
*Después, recordando el soplo de Dios que da vida (Gen 2,7),
Jesús sopla sobre sus discípulos diciendo: Reciban el Espíritu Santo.
Se trata del Espíritu de la verdad que nos guía hasta la verdad plena,
para ser testigos de Jesús, incluso entregando nuestra vida por Él.
*A continuación, Jesús les habla sobre el perdón de los pecados.
Siguiendo el ejemplo de Jesús que dijo: Padre, perdónalos (Lc 23,33),
la víctima reconciliada pide a Dios que perdone al ofensor y, luego,
a perdonarlo ella misma. Este camino puede facilitar para que el
agresor pida perdón, se arrepiente y repare el mal que ha causado.

Ocho días después
Cuando Jesús se presentó por primera vez a sus discípulos
-la tarde del primer día de la semana- Tomás no estaba con ellos.
Luego, cuando sus compañeros le dicen: Hemos visto al Señor,
Tomás no les cree, solo creerá si ve a Jesús y si palpa sus heridas.
Cosa curiosa, ellos tampoco creyeron en el testimonio de las mujeres:
les parecieron puros cuentos y no les hicieron caso (Lc 24,11).
Sin embargo, teniendo en cuenta la muerte cruel que sufrió Jesús,
no era fácil creer que hubiera resucitado de entre los muertos.
Hoy, ¿somos capaces de ver a Cristo crucificado en los rostros
sufrientes de quienes soportan el peso intolerable de la miseria?...
¿Vemos como hermanos de Jesús a los que tienen hambre?...
Ocho días después, los discípulos están reunidos y Tomás con ellos.
Jesús se hace presente, acoge a Tomás y le pide tocar sus heridas,
para que compruebe que el mismo Jesús resucitado está ante él.
Después Jesús dice a Tomás: No seas incrédulo, sino hombre de fe.
Una vez más, nos encontramos ante un proceso de reconciliación…
Tomás no toca con sus dedos ni con su mano las llagas de Jesús.
Reconoce sus limitaciones y reconciliado por la acogida de Jesús,
pronuncia esta hermosa profesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío!
Las heridas de las personas torturadas, como es el caso de Jesús,
forman parte de su historia personal, no las pueden olvidar;
pero al ser asumidas de otra manera son heridas que sanan…
Por eso, para cualquier proceso de reconciliación los mejores testigos
son las personas que han hecho un camino de reconciliación.
Este camino debe de ir a las raíces de estas situaciones dolorosas.
El Evangelio de hoy termina con una significativa bienaventuranza.
Jesús mirando el futuro dice: ¡Felices los que creen sin haber visto!
En adelante, el Resucitado se dará a conocer por la fuerza del Espíritu
y por el testimonio -de palabra y obra- de sus discípulos y discípulas.
Lo dicho hasta aquí, lo resume muy bien San Pablo cuando dice:
Todo esto es obra de Dios, que nos reconcilió con Él por medio 
de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque
en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo,
sin tener en cuenta los pecados de los hombres; y confiándonos
el mensaje de la reconciliación… Por eso, les suplicamos en nombre
de Cristo: Déjense reconciliar con Dios (2Cor 5,18-20).
J. Castillo A.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Via Crucis 2013 (imagen y textos)



Enrique León, voluntario y administrador de nuestra Cáritas Parroquial, ha sido el encargado de realizar este año el Via Crucis. Nos lo ofrece en un enlace para que podamos aprovecharlo en estos días.

Es toda una meditación de la Pasión desde la realidad del sufrimiento en nuestros tiempos.

 
 
C.A. paduamerida@gmail.com. Marzo 2013. 56375

miércoles, 20 de marzo de 2013

El Señor lo necesita


Domingo de Ramos (ciclo C)
Is 50,4-7  - Flp 2,6-11  - Lc 19,28-40  - Lc 22,14-23,56

Al entrar al pueblo encontrarán un burrito

Durante la fiesta del cordero pascual, el pueblo judío celebraba su liberación de la esclavitud de Egipto (Ex 12,1-14). Sin embargo, siglos después, Egipto ha sido reemplazado por el imperio romano.
Por este motivo, Pilato -cuyas manos están manchadas de sangre- ingresa a la ciudad de Jerusalén montado en un caballo de guerra. Ciertamente, los reyes de este mundo se comportan como dueños,  y mientras oprimen al pueblo se hacen llamar bienhechores (Lc 22).
Muy diferente la actitud de Jesús que entra también a Jerusalén, pero montado en un burrito prestado: El Señor lo necesita. Jesús vino a salvarnos, entregando su propia vida por nosotros: Alégrate, Sión; grita de júbilo, Jerusalén. Mira a tu rey que llega: justo, victorioso, humilde, montado en un burrito (Zac 9,9).
Este y otros gestos son señales de su proyecto de vida y de servicio: El más importante entre ustedes compórtese como si fuera el último y el que manda como el que sirve… ¿Quién es el mayor? ¿El que
está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es, acaso, el que está a la mesa? Pero yo estoy en medio de ustedes como el que sirve (Lc 22,26s).
Esto mismo lo acaba de decir el Papa Francisco, Obispo de Roma:
Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio. También 
el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese 
servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos
en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y, como él, 
abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger 
con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente, los más
pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe 
en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al
forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (Mt 25,31-46). 
Solo el que sirve con amor sabe custodiar (Homilía, 19 marzo 2013).

Si éstos callan, gritarán las piedras 
Mientras Jesús ingresa a Jerusalén, los discípulos alaban a Dios
por todos los milagros que han visto, y exclaman: Bendito sea el rey 
que viene en nombre del Señor. Paz en la tierra y gloria al Altísimo.
Algunos fariseos dicen a Jesús: Maestro, reprende a tus discípulos.
Pero Jesús les responde: Si éstos callan, gritarán las piedras.
Esta frase está tomada del profeta Habacuc que hace estas denuncias:
¡Ay del que acumula lo que no le pertenece! ¿Por cuánto tiempo? 
¡Ay de ti, que has llenado tu casa con ganancias injustas!... 
  porque las piedras de los muros gritarán en contra tuya.
¡Ay del que edifica la ciudad con sangre y la funda sobre el crimen!
¡Ay del que emborracha a su prójimo para verlo desnudo!
¡Ay de ti, que a un ídolo de madera le dices que despierte! (2,5-20).
Pero Jesús no manda callar a nadie. Al contrario, habla más alto.
*Al ver la ciudad de Jerusalén llora por ella y anuncia su destrucción.
*Entra al templo y arroja a los negociantes diciendo: Mi casa es casa
  de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.
*Acusa a los sumos sacerdotes y maestros de la ley de ser asesinos.
*Sobre el tributo al César declara que se debe dar a Dios lo que es
  de Dios y, para quedar libres, devolver al César su moneda.
*Desenmascara el materialismo de los funcionarios de la religión.
*Denuncia la avaricia de los maestros de la ley, que devoran los bienes
  de las viudas con pretexto de largas oraciones; y denuncia también
  la falta de generosidad de los ricos que dan de lo que les sobra.
Por todo esto, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley buscan
la manera de acabar con Jesús, pero tienen miedo al pueblo.
El día de hoy, muchos acompañan la procesión del Señor de Ramos
llevando los primeros frutos de la tierra y del trabajo del hombre.
Es una buena ocasión para reflexionar sobre los derechos humanos
y los derechos de la madre tierra: Quisiera pedir, por favor, a todos 
los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico,
político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad:
seamos ‘custodios’ de la creación, del designio de Dios inscrito en la 
naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que 
los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este 
mundo nuestro. Pero, para ‘custodiar’, también tenemos que cuidar 
de nosotros mismos (Papa Francisco, 19 marzo 2013).
J. Castillo A.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Conversión y liberación


V Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Is 43,16-21  -  Flp 3,8-14  -  Jn 8,1-11


A Jesús le ponen trampas para acusarlo
A medida que pasa el tiempo, las cosas se ponen mal para Jesús. Los sumos sacerdotes y fariseos han enviado guardias para detenerlo, pero éstos, impactados por sus enseñanzas, no lo hacen y responden: Jamás hombre alguno habló como habla este hombre (Jn 7,32-49).
Después, mientras Jesús enseña a la gente en el patio del templo, los maestros de la ley y fariseos le presentan una mujer y le dicen: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. En la ley,  Moisés ordena apedrear a esta clase de mujeres. Tú, ¿qué dices? Decían esto para ponerlo a prueba y, luego, tener de qué acusarlo.
Uno de los peores delitos es usar a una persona para condenar a otra. Herodías, por ejemplo, odia tanto a Juan el Bautista que no duda usar a su hija para que el profeta Juan sea decapitado (Mc 6,17-29).
Algo parecido sucede cuando unos espías, fingiendo ser gente buena,
se acercan a Jesús y le preguntan sobre el tributo al César (Lc 20).
Con el mismo cinismo actúan los maestros de la ley y los fariseos.
Ellos prefieren las tinieblas (Jn 3,19-21), por eso usan la situación
de una mujer sorprendida en adulterio, solo para acusar a Jesús.
Jesús desenmascara la hipocresía de sus adversarios diciéndoles:
El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
Al oír estas palabras cada uno tuvo que examinar su propia vida…
¿Cómo puedo fijarme en la paja que hay en el ojo de aquella persona
y no mirar la viga que hay en el mío? (Lc 6,41s).
Mientras los que preguntaron a Jesús sobre el tributo se callaron,
ahora los que trajeron a la mujer se van, empezando por los viejos.
Al respecto, recordemos lo que dijo Daniel a uno de los ancianos
que había calumniado a Susana: ¡Envejecido en años y en crímenes! 
Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencia injusta
-condenando inocentes y absolviendo culpables- contra el mandato 
del Señor que dice: No matarás al inocente ni al justo (Dan 13,52s).

Yo tampoco te condeno
Jesús es muy exigente cuando habla del matrimonio (Mt 19,1-12).
Sin embargo, cuando los expertos en la ley quieren apedrear
a aquella mujer adultera, Jesús es el único que no la condena
Fue entonces cuando Jesús le pregunta: ¿Nadie te ha condenado?
Ella contesta: Nadie, señor. Jesús habiéndola liberado le dice:
Yo tampoco te condeno. Vete, y en adelante no peques más.
Convertirla y reconciliarla es mucho mejor que apedrearla,
perdonarla y liberarla es mucho mejor que condenarla (Jn 3,17).
Más tarde, unas piedras convertidas en odios, mentiras, calumnias…
serán arrojadas contra Jesús: Los sumos sacerdotes y los fariseos
dieron órdenes para arrestar a Jesús y darle muerte (Jn 11,47-57).
A veces, cuando una mujer no tiene familia, casa, trabajo, dinero…
se ve obligada a ir a las calles para que cualquier cliente ‘la recoja’.
En nuestra sociedad, que se jacta de ser mayoritariamente cristiana,
más de 120 mil mujeres ‘imágenes de Dios’ son prostitutas.
Lamentablemente, no hay partidos políticos ni ONGs que se compren
el pleito y defiendan los derechos de ‘esa clase de mujeres.
Todas aquellas mujeres se enfrentan a una sociedad machista,
que las considera un ‘mal necesario’; pero que mira a otro lado
cuando se le pregunta sobre los derechos de esas mismas personas.                    
¡Qué diferente los gestos audaces de Jesús en favor de las mujeres!
*En la casa de un fariseo, Jesús acoge y defiende a una prostituta
diciéndole: Tu fe te ha salvado. Vete en paz (Lc 7,36-50).
*Un sábado, en una sinagoga, Jesús llama a la mujer encorvada
y le dice: Mujer, quedas libre de tu enfermedad (Lc 13,10-17).
*Mientras Jesús recorre ciudades y pueblos anunciando el Reino,
muchas mujeres discípulas le acompañan y le atienden (Lc 8,1-3).
*A una mujer que padecía de hemorragias y que había tocado
su manto, Jesús le dice: Hija, tu fe te ha salvado (Lc 8,43-48).
*A la samaritana Jesús le revela que Él es el Mesías (Jn 4,26).
*La fe sencilla y firme de una mujer extranjera, logra que Jesús
anuncie la Buena Noticia del Reino a los paganos (Mc 7,24-30).
*A los funcionarios del templo Jesús les dice: Los publicanos y las
prostitutas entrarán antes que ustedes en el Reino de Dios (Mt 21,31).
*Son mujeres quienes anuncian la resurrección de Jesús…
J. Castillo A.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Conversión y acogida


IV Domingo de Cuaresma (ciclo C)
Jos 5,9-12  -  2Cor 5,17-21  -  Lc 15,1-3. 11-32

Yo aquí me muero de hambre
Cuando el hijo menor gastó todo el dinero que recibió de la herencia, vino un hambre terrible en aquel país -el país de las maravillas-.
Se pone a trabajar cuidando cerdos, pero nadie le da de comer.
Como siempre, en los países donde hay injusticia y explotación, pocos ricos viven bien a costa del salario de hambre de las mayorías.
Fue entonces cuando  piensa que en la casa de su padre los trabajadores tienen pan en abundancia.
 
Luego, reflexiona, decide levantarse, volver a la casa de su padre y decirle: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus trabajadores.
Sobre el hambre meditemos en los siguientes textos de Lucas:
*Dios derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes,
colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos.
*Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados.
¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque tendrán hambre!
*Cuando des un banquete, invita a pobres, inválidos, cojos y ciegos.
*Había un hombre rico que se vestía lujosamente
y todos los días realizaba espléndidos banquetes.
Había también un pobre llamado Lázaro cubierto de llagas,
que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico.
La siguiente historia de dos hermanos, trata el problema de la sed.
Abraham tuvo dos hijos: Ismael el mayor, en Agar una esclava;
e Isaac el menor, en Sara su esposa que era anciana y estéril.
Como Ismael se burlaba de Isaac, Abraham despidió a Agar e Ismael.
Ambos caminaron por el desierto hasta que se les acabó el agua.
Agar abandona a su hijo bajo un matorral para no verle morir.
Pero Dios al oír los gritos del niño, llama a Agar y le dice:
No temas, he oído el llanto del niño. Levántate, busca al niño, 
y no lo sueltes, pues yo sacaré de él un gran pueblo (Gen 16 y 21).

El hijo mayor se enojó y no quiso entrar
En esta parábola, el comportamiento del hijo mayor viene a ser
un reflejo de la conducta de los fariseos y maestros de la ley, quienes
critican a Jesús porque acoge y come con publicanos y pecadores.
El hijo mayor se comporta: no como hijo, tampoco como hermano.
Reprocha a su padre diciéndole: Mira, tantos años llevo sirviéndote,
sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito
para tener un banquete con mis amigos.
También niega y calumnia a su hermano: Pero, cuando ha llegado
ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas,
has matado para él el ternero más gordo.
Si algún día va al templo, sin duda repetirá la oración del fariseo:
Oh Dios, yo te doy gracias porque no soy como los demás hombres
que son ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano
Y si alguien le pregunta: ¿Dónde está tu hermano?, responderá:
No sé, ¿soy yo, acaso, el guardián de mi hermano? (Gen 4).
Por algo será que el hijo menor prefirió abandonar la casa paterna.

El padre acoge a sus hijos con entrañas de misericordia
El padre acoge a su hijo menor con entrañas de misericordia:
Lo ve, se conmueve, corre a su encuentro, lo abraza y lo besa.
Luego dice a sus servidores: Rápido, tráiganle el mejor vestido, 
pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Además, ordena que maten el ternero más gordo para celebrar
un banquete; porque su hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida,
se había perdido y ha sido encontrado. Y comenzó la fiesta.
Este padre misericordioso acoge también a su hijo mayor:
El padre sale y le ruega para que entre a la casa. Luego le dice:
Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto
y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado.
Durante varios años Esaú busca matar a su hermano Jacob.
Pero un buen día ambos hermanos se reconcilian:
Esaú corre al encuentro de su hermano Jacob, lo abraza, se echa 
sobre su cuello y lo besa. Los dos se ponen a llorar (Gen 33,1-4).
Jesús nos invita a todos a sentarnos alrededor de una misma mesa,
para celebrar nuestra filiación… y nuestra fraternidad…
J. Castillo A.

Tabor y cruz (8 de marzo)

  Somos seres en búsqueda; los hombres nos pasamos la vida “buscando”. Buscamos la felicidad,  la suerte, un lugar para vivir, buscamos trab...