jueves, 27 de febrero de 2014

No al consumismo (Domingo, 2 de Marzo)

Aquella chica estaba feliz porque tenía un bonito vestido para la fiesta; lo miraba una y otra vez y se convencía a sí misma con orgullo de que no podría tener uno mejor.  La otra entró en la sala-vestidor y  contempló con cierta tristeza sus muchos vestidos colgados en los percheros y sus innumerables zapatos dispersos por el habitáculo; unos apenas usados, otros sin estrenar;  y sólo veía en todo aquello  los vacuos antojos  de un tiempo demodé. Con tristeza y ánimo quejumbroso se volvió a su madre: -¡Mamá, no tengo nada que ponerme!

La comida, la bebida, la vivienda, el vestido,  todos los bienes materiales, no son el fin de la vida sino solo medios para vivir. El error más grande que se puede cometer consiste en  considerar internamente que se puede alcanzar la plenitud de la felicidad  acumulando lujos. Es la equivocación  -podemos decir "el pecado"- que con más fuerza seduce a los hombres.
Consumir es connatural al hombre. Sin el consumo de alimento, vestido y otros productos esenciales, moriríamos. Pero más allá del necesario consumo, cruzando la línea roja de lo estrictamente necesario, está la sociedad consumista, la que usa el espacio, el tiempo, la comida, la bebida y los demás recursos naturales no para un sano vivir sino para tapar el agujero que provoca la angustia de estar muerto. El consumista no gasta, derrocha; no vive, oculta sus muertes. El consumismo es como una droga que quiere poner remedio a la frustración personal; pero aunque el ambicioso  pueda engañar a algunos e incluso alcance a engañarse  a sí mismo, nunca podrá engañar a Dios.
Con cierta desolación mira nuestro Señor a quien ha puesto su total  confianza en el dinero. “Necio –le dice- esta noche misma te van a pedir la vida. Lo que has acumulado ¿para quién será?”(Lc 12,20). Porque una de las verdades más claras y concisas del Evangelio de Jesucristo es que “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24), “que es una idolatría”(Ef 5,5). Cuando el dinero deja de ser medio para ocupar el lugar de los fines sobreviene la ruina de la vida. ¿Tiene sentido vivir para acumular? ¿Crees que el dinero puede por sí mismo  proporcionarte una vida completamente satisfactoria?  Si tu respuesta es no -sin negar el valor que la riqueza tiene como medio para vivir y hacer vivir- eres una mujer o un  hombre sabio.
El remedio para la tristeza de la vida consumista está en el cambio de valores. Si lo que cotiza en tu corazón es el vil metal, éste dios menor te obligará a trabajar sin descanso para servirle; y, como si fuera el dios Cronos -dios del tiempo-, irá devorando tu vida. Porque el dios-consumo consume al consumidor compulsivo. Pero si pones a Jesús y su Evangelio en el centro de tu existir, si te riges por el principio  de que “vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido” (Mt 6,25), si pones tu confianza ante todo en Dios -si tienes fe verdadera-, si te crees de verdad que Dios es el sustento del pobre y si entiendes que, además de Padre, Dios es también Madre que  nunca abandona a sus hijos (cf Is 49,14-15), habrás hallado el tesoro del cielo (cf Mt 6,19-21) y vivirás sin preocupación por el mañana, gozando y luchando el hoy, que ya tiene de por sí sus propios problemas que afrontar. A cada día le bastan sus disgustos. Y también a cada día le acompañan sus buenos momentos.
No hinches, pues, tu armario con vestidos para “las ocasiones”; aprovecha “la ocasión” y vive.  Dios está aquí y ahora, vuélvete a Él. A cada día su afán.
* * * * * * *
Para una reflexión más amplia sobre la Palabra de este domingo 8º del Tiempo ordinario hacer   click en en enlace o en la foto que sigue:
http://parroquiasanantoniodemerida.blogspot.com.es/2011/02/no-os-agobieis-por-el-manana-8-dom-ord.html
 
Casto Acedo. Febrero-Marzo 2014.
 
 

jueves, 20 de febrero de 2014

El templo que soy (Domingo 23 de Febrero)


“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros” (1 Cor 3,16-17)

Es propio de un cristianismo desenfocado la excesiva preocupación por el decoro del edificio del templo y el escaso interés por cuidar el templo de Dios que es uno mismo y la Comunidad.

Cuando escucho a san Pablo decirme que soy “templo del Espíritu Santo” (1 Cor 3,16), lo primero que se me viene a la mente es que estoy llamado a ser Santo, porque ¿dónde va a habitar Dios si no es en un lugar santo?

Me paro y reflexiono. ¿Temor o agradecimiento? Ser santuario de Dios es una gracia, una magnificencia indebida a mi insignificancia. O sea, que no me lo merezco. Y sin embargo, soy templo, lugar sagrado donde se da el encuentro con Dios; en mi interioridad se da la experiencia gozosa de “estar con Dios”. Dios viene a mi vida, el Espíritu Santo habita en mí. “Si alguno me ama vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23b).

 Es grande la gracia de ser templo del espíritu Santo y correlativa la responsabilidad de no profanar este templo que soy yo. La fe me interpela. ¡Qué ingrato que soy! No doy la talla, no respondo debidamente a mi condición de bautizado. ¿Cómo profano este templo de Dios que soy yo mismo?  Jesús me lo indica al señalar lo que puede hacerme impuro: “del corazón del hombre salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias. Estas son las cosas que hacen impuro al hombre” (Mt 15,19-20a), esto es lo que profana el templo que es mi ser. Y ¿qué es lo que mejor adorna y dignifica este mismo templo?: “las obras del Espíritu que son: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí” (Gal 5,22-23b)

También cada uno de los hermanos, cada hombre, es templo de Dios, su imagen más hermosa. Difamar al hermano, explotarlo de cualquier forma, minusvalorarlo, despreciarlo, o cualquier otro acto que le humille y degrade es una profanación. Lo dice claramente el profeta: “Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos,  quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento,  hospedar a los pobres sin techo,  cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos” (Is 58,6-7). Un culto agradable a Dios en el templo del hermano.

En este domingo Dios me invita a ser templo, casa de acogida para Dios y para mis hermanos los hombres, me enseña que el amor y la misericordia son mejores consejeros que el odio y la venganza, que la generosidad es más gratificante que  la racanería, y que la dignidad del hombre no está en sus obras -que siempre dejan algo que desear- sino en el hecho de ser templo de Dios, ”que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos”. Dios, que es perfecto, me respeta, me valora, me perdona, si Él actúa así conmigo, ¿cuál ha de ser mi respuesta? “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (cf Mt 5,38-48).
 
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Para un comentario más amplio del Evangelio de este domingo
clickar  en el siguiente enlace:
 
http://parroquiasanantoniodemerida.blogspot.com.es/2011/02/mejor-amar-que-odiar-7-dom-ord.HTML
 
 
En tu nombre .... blog de la Parroquia de san Antonio de Padua. Mérida (España)

Casto Acedo. Febrero 2014.
 

miércoles, 29 de enero de 2014

Experiencia y Esperanza

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Mal 3,1-4  -  Heb 2,14-18  -  Lc 2,22-40

El Evangelio de hoy nos presenta a tres grupos de  personas, diferentes en edad pero unidos por la ‘experiencia’ y la ‘esperanza’.  Ellos son: Simeón y Ana, personas mayores; José y María, jóvenes esposos; y Jesús, un niño de cuarenta días de nacido. Ciertamente, a juventud no es solo la falta de arrugas y de canas, la vejez no es solo la edad avanzada. Bien saben ustedes que ser joven es tener una causa a la que consagrar la propia vida (Mons. Helder Cámara).

José y María van a Jerusalén
*Después que María de Nazaret acepta ser la madre de Jesús,  va de prisa a las montañas de Judea para visitar a su prima Isabel.  Desde aquellas montañas, ambas mujeres gestantes alzan su voz:
-Para defender la dignidad de la mujer, frecuentemente pisoteada   por una sociedad machista: Bendita eres entre las mujeres
-Para valorar el don de la vida de los más indefensos, a saber,
 los que están en el seno materno: Bendito es el fruto de tu vientre
-Para anunciar la actuación de Dios en una sociedad injusta:
 Dios derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes,
 colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos (Lc 1).
 Más tarde, Jesús retomará estas palabras de María su madre,
 y proclamará su mensaje liberador para: los pobres, los hambrientos,
 los que lloran, los que son odiados, excluidos y despreciados (Lc 6).
*Meses después, José y María -jóvenes esposos- van a Belén.
Allí, en un establo, María da a luz a Jesús su hijo primogénito, porque
no había sitio para ellos en la posada. Sin embargo, en aquel establo
hay lugar para recibir la visita de los pastores, y escuchar la alabanza
de los ángeles: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz (Lc 2).
*Cuarenta días después José y María, fieles a la tradición (Lev 12),
van al templo de Jerusalén, presentan al niño Jesús, y hacen
la ofrenda propia de los pobres (LG, 57). Allí también, Simeón y Ana
-personas mayores- bendicen a Dios porque viene a liberarnos.

Simeón y Ana van al templo
Los campesinos saben que hay un tiempo para sembrar la semilla,
abonarla, regarla, cultivarla… Hay un tiempo para mirar cómo crece,
florece y brotan los primeros frutos… Y un tiempo para cosechar…
Simeón no forma parte de los funcionarios del templo de Jerusalén.
Es un hombre justo y piadoso que espera la liberación de su pueblo.
Por eso, cuando José y María llegan al templo llevando al niño Jesús,
Simeón, conducido por el Espíritu Santo, va al encuentro de ellos,
toma al niño Jesús en sus brazos y bendice a Dios diciendo:
Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, porque
mis ojos han visto la salvación… la luz que ilumina a las naciones.
Ciertamente, uno es el que siembra y otro el que cosecha (Jn 4,34ss).
¿Decimos lo mismo sobre nuestra labor pastoral? ¿Hay continuidad?
Luego, Simeón se dirige a María para decirle: Este niño será signo
de contradicción, pues unos le aceptarán y otros le rechazarán;
y añade: en cuanto a ti, una espada de dolor te atravesará el corazón.
Años más tarde, Jesús morirá crucificado pero resucitará al tercer día.
De Ana, viuda y anciana, se dice expresamente que es ‘profetisa.
Ella también va al templo y, desde que ve al niño Jesús, alaba a Dios
y habla del niño a todos los que esperan la liberación de Jerusalén.
Más adelante, Jesús acogerá a muchas mujeres como discípulas,
les devuelve su dignidad y les confía la misión de anunciar el Reino.
Hoy, en nuestras comunidades cristianas, casi no existe el ministerio
profético. Por este motivo, es bueno recordar lo que dice San Pablo:
Dios ha querido que en la Iglesia haya en primer lugar apóstoles,
en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros… (1Cor 12,28).

El niño Jesús crece en edad, sabiduría y gracia
El evangelista Lucas termina, todo lo referente a la infancia de Jesús,
con estas palabras: El niño crece en edad, sabiduría y gracia.
Jesús, que ha recorrido las etapas de vida de toda persona humana,
es el camino, la verdad y la vida para niños, jóvenes y adultos:
Ustedes jóvenes van a recibir la antorcha de manos de sus mayores
y van a vivir en el mundo en el momento de sus más gigantescas
transformaciones. Ustedes, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las
enseñanzas de sus padres y maestros, van a formar la sociedad de
mañana; se salvarán o perecerán con ella (Mensaje del Vaticano II). 
J. Castillo A.

jueves, 25 de abril de 2013

Amar como Jesús nos amó


V Domingo de Pascua (ciclo C)
He 14,20-27  -  Ap 21,1-5  -  Jn 13,31-35

Ámense los unos a los otros como yo les he amado
Estamos al final de la vida terrenal de Jesús con su comunidad, y al comienzo de una nueva relación entre el Maestro y sus discípulos.
Sabiendo Jesús que ha llegado la ‘hora’ de su muerte y resurrección, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Así se cumple lo que Él dijo: Si el grano de trigo que cae en tierrano muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto (Jn 12,23-26). Por eso, durante la cena Pascual, Jesús lava los pies a sus discípulos, y les dice: Ejemplo les he dado para que ustedes hagan lo mismo.
Judas Iscariote, después de participar en esta Cena y lavado de pies, se retira pues Satanás había entrado en su corazónEra de noche
Luego, en el discurso de despedida, Jesús anuncia a sus discípulos:
Les doy un mandamiento nuevo, ámense como yo les he amado
¿Dónde está la novedad de este mandamiento, si en el A.T. se decía:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo? (Lev 19,18; cf. Mc 12,28-34).
No se trata simplemente de amar, como hacen también los pecadores;
sino de amar a la manera de Jesús, amar como Él mismo nos amó.
*La gran preocupación de Jesús es el sufrimiento de los enfermos,
el hambre de los pobres, el desamparo de los marginados y excluidos.
Hoy, casi 900 millones de hermanos nuestros se acuestan con hambre.
*Jesús acoge a todos y a nadie excluye, pues en su mesa caben todos;
y lo hace no para buscar honores, sino porque es un servidor de amor.
*Lo más importante para Jesús no es la observancia del sábado,
sino dar vida plena a todos, preferentemente, a los pobres excluidos.
*A Jesús no le interesa los sacrificios ni las ceremonias del templo,
exige más bien que sus seguidores tengan entrañas de misericordia;
sin doble lenguaje, sin temor a que los poderosos les persigan.
*Como Buen Pastor, Jesús da la vida por sus ovejas, y nos dice:
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.

Si se aman, todos conocerán que ustedes son mis discípulos
Los que dejan la Iglesia para unirse a otros grupos religiosos lo hacen
porque allí: encuentran una experiencia de Dios (dimensión personal),
se sienten parte de una comunidad religiosa (dimensión comunitaria),
entienden y les interesa el contenido de la fe (dimensión doctrinal).
De esta manera, buscan respuestas a sus inquietudes y aspiraciones,
lo que no encuentran -como debería ser- en nuestra Iglesia (DA 225s).
Estos hechos son serios desafíos para examinar nuestra labor pastoral,
a la luz de las enseñanzas y obras de Jesús que nos sigue diciendo:
Todos reconocerán que son mis discípulos, si se aman unos a otros.
Y, justamente, este es el testimonio de las primeras comunidades:
-Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común.
-Vendían sus bienes y los repartían según la necesidad de cada uno.
-A diario acudían al templo con entusiasmo y con un mismo espíritu.
-En sus casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez.
-Alababan a Dios y eran estimados por todos (Hch 2,42-47).
Sabiendo que los problemas no se solucionan de un día para otro,
tomemos en serio las recientes palabras del Papa Francisco:
Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma 
en la atmósfera viciada de su encierro. 
Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar 
lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente.
Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero 
mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma. 
La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial;
mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella 
mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce 
a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado (…). Que el
Señor nos libre de maquillar nuestro episcopado con los oropeles
de la mundanidad, del dinero y del “clericalismo de mercado”.
(Carta a la Conferencia Episcopal Argentina, 25 marzo 2013).
Sigamos meditando en el himno al amor cristiano del Apóstol Pablo:
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles,
pero no tengo amor, soy como una campana o un platillo que suena…
El amor es paciente, es servicial, no es envidioso ni busca aparentar.
No es orgulloso ni actúa con bajeza, no busca su interés ni se irrita…
Nunca se alegra de la injusticia sino de la verdad… (1Cor 13).
J. Castillo A.

martes, 23 de abril de 2013

La señal de la cruz (Dom 5º Pascua C; 28 Abril)

Me enseñaron de niño que la señal del cristiano es la Santa Cruz. Por su parte, el evangelio de san Juan me dice que “la señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros” (Jn 13,35). Este mandato del amor lo pronuncia Jesús en el contexto de la última cena. Antes ha dicho: “me queda poco de estar con vosotros” (Jn 13,33), dando a entender que llega la hora de su entrega. Hay, por tanto, una relación muy íntima entre la cruz y el amor como señal del cristiano: la cruz (morir dándose) es el mayor signo de amor, y el amor (hasta el extremo) se verifica en la cruz. Sin embargo, cuando te pregunto ¿qué es el amor? me respondes emocionado que es algo maravilloso; pero ante la cuestión ¿qué es la cruz?, adoptas un cierto rictus de seriedad y desolación. ¿Por qué? Tal vez porque has ido encerrando al amor en la casilla de los sentimientos, cuando el amor no es solo un sentimiento; también la voluntad y la razón tienen mucho que ver con él, aunque hay quien sigue confundiendo el amor con la pasión amorosa y está dispuesto a sostener que el amor es ciego e irracional. Y no es así. Amar no oscurece la mente sino que la enciende e ilumina, haciendo posible un conocimiento más profundo de todo.

Si amas te capacitas para adentrarte en Dios, en el mundo y en el prójimo con objetividad, porque sólo desde el respeto y el amor-perdón, puedes conocer con transparencia y honradez intelectual. El odio, por el contrario, ofusca tu mente y te lleva a la deriva, porque enturbia con prejuicios tu visión de las cosas e impide que te acerques con lucidez a la realidad de Dios, de tus hermanos y de la misma naturaleza. Por su lado, el amor genuino no oscurece tu pensamiento, sino que lo purifica dejándote ver todo con la mirada de Dios; miras así toda la realidad con su misma infinita misericordia.
“Dios es amor” (1 Jn 4,8), el paradigma del amor, sólo con él y desde él puedes entender la mayor ciencia de todas: la sabiduría de la cruz; éste saber misterioso sólo lo entiendes cuando asumes que “no consiste el amor en que nosotros amamos a Dios, sino que él nos amó primero”, (1 Jn 4,10); de ahí que el consejo evangélico no sea un “amad” o un “amaos” a secas, sino: “amaos como yo –el Hijo- os he amado” (Jn 13,34). "Ama como yo te amo".

No sólo desde la
razón, también desde la voluntad se nutre y teje su paño el amor; la lengua española lo da a entender con claridad al usar el verbo “querer” como sinónimo de “amar”. El signo más preocupante de nuestra cultura relativista y de pensamiento débil es su plasmación en una voluntad débil, lo que podemos llamar cultura de la inacción ilustrada. Tenemos asumida mentalmente la necesidad de amar y de actuar buscando el bien común, pero del dicho al hecho, hay mucho trecho, y una cosa es predicar y otra repartir trigo. Sobran ideas, proyectos, planes, pero falta voluntad personal para llevarlos a cabo. El amor genuino no brota de la emotividad y la teoría sino de la experiencia; el amor viaja de la vida a la poesía y no al revés. Hemos comprendido el amor de Dios contemplando su muerte en la cruz, no partiendo de especulaciones filosóficas.

Por tanto, no se puede entender ni se puede hablar coherentemente sobre el amor sin accionar nuestra vida con el impulso de la fe que nos aventura en la entrega sin límites. ¿Quieres crecer en tu vida? Pon manos a la obra. Practica la misericordia. Así lo dice Isaías: sólo cuando alejas de ti la maldad, liberas a los oprimidos, das comida al hambriento, hospedas al pobre sin techo, vistes al desnudo, y no rehuyes al que te necesita, -solo entonces- se te abre la mente y acaba la sequedad de tu alma (cf Is 58,5-11); sólo entonces brilla el amor, misterio que se revela a quien toma su cruz con valentía y sostiene en la debilidad a los demás. Al amor no se le espera sentado al abrigo del hogar, se le busca y se le encuentra en la calle, allí donde se le necesita. Porque no consiste en "ser amado" (pasivo) sino en "amar primero" (activo).

Aquel catecismo de nuestra infancia, tras definir que la señal del cristiano es la Santa Cruz, preguntaba: -¿Por qué la Santa cruz es la señal del cristiano?; y respondía: -Porque en ella murió nuestro Señor Jesucristo. No hay confusión entre el amor y la Cruz como señal del cristiano. La cruz es un tropo que nos habla del amor como decisión de “vivir para”: “nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Reducir el amor a experiencia sentimental, despojándole de lo que podríamos llamar la decisión de amar (cruz), es alejarse de la intención que Jesús quiso darle al mandamiento nuevo. El amor no consiste en dejarme llevar por mis sentimientos, sino en hacer míos los sentimientos de Cristo, sus decisiones y la ilógica lógica, de su cruz (cf Flp 2,5-11); se trata de amar “como yo -Jesús- os he amado”.

Casto Acedo Gómez. Abril 2013. paduamerida@gmail.com.

jueves, 18 de abril de 2013

Discípulos, no borregos (Domingo 21 de Abril, 4º Pascua)


"Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas" (Jn 10,14). ¿No tiene la palabra “oveja”, un matiz peyorativo y poco halagüeño? Indudablemente. Se habla de las ovejas o sus parientes los borregos como de animales estúpidos, gregarios, bobalicones. Al aplicarse a sí mismo Jesús el título de buen Pastor ¿no se da a entender que los que le siguen son unos bobos ingenuos engañados y manipulados?

Los que sabemos de qué va todo esto de la fe respondemos: ¡De ninguna manera!; pero entre la progresía intelectual y los nuevos clérigos del púlpito mediático no son pocos los que consideran que todo creyente es un adocenado a la voz de mando de los pastores de la Iglesia. Los progres establecen su supuesta independencia de pensamiento -a la postre esclavo del relativismo de las modas- recurriendo a la confrontación con lo que podríamos llamar dependencia servil del pensamiento del creyente, sometido a los dictados de la tradición, los dogmas y los jerarcas. Pero cualquier estudioso del evangelio, aún más si es seguidor, sabe que no es así. No es propio del discípulo la condición de “aborregado” del sistema, ni siquiera del sistema eclesiástico. El cristiano se somete a Cristo, buen Pastor, pero ese sometimiento no sólo le da la seguridad de tener un Pastor que le protege (cf Ez 34), sino que, además, lejos de hacerle timorato, le hace un valiente que imita a su Señor destapando los engaños de los sabios de este mundo (cf 1 Cor 1,19-20).

Un solo rebaño y un solo Pastor

La imagen bíblica de la oveja y el cordero dependiente del Pastor no es una invitación al seguimiento modorro, sino una imagen para contemplarnos como los seres indefensos, débiles, desorientados y desprotegidos que somos cuando nos alejamos de Dios, para tomar conciencia de la necesidad de ser dóciles al buen Pastor y gozar la suerte de pertenecer a un rebaño, a una comunidad que nos protege y proporciona todo un cúmulo de ventajas.

Somos,  por tanto, “ovejas”, y también somos “rebaño”. Como ovejas gozamos de conocimiento y trato personal con el Pastor: “yo las conozco y ellas me conocen”. Jn 10,14; pero esta relación cercana con Cristo no puede esquivar ni anular la relación con los otros. Para ser oveja de Cristo se ha de  vivir en comunidad. No hay seguimiento desligado del rebaño, no hay cristianismo sin pertenencia al Pueblo de Dios. Por más que lo queramos justificar, no tiene mucho sentido un pastor dedicado a cuidar una sola oveja; tampoco tiene futuro una oveja huérfana y solitaria, aunque algunos sigan empeñados en hacer de su relación con Jesucristo una relación de tinte individualista. Verdad es que el cristiano tiene necesidad de una vida de intimidad espiritual con Cristo, pero esa relación tan particular no es ni exclusivista ni excluyente: quien se acerca a Cristo Pastor sabe que se acerca también al rebaño que es su Iglesia; la oveja perdida no es buscada para ser reverenciada por el pastor sino para ser devuelta al redil (cf Jn 10,16); y así hasta que haya “un solo rebaño y un solo Pastor” (Jn 10,16).

Compaginar la identidad personal con la eclesial es importante. Sin una clara opción personal por Cristo y su Reino es alto el riesgo de ”borreguismo”, porque cuando no hay opción de vida seria y meditada  se suele desembocar en la memez del ¿dónde va Vicente? donde va la gente. Sin vida de relación personal con Cristo y sin pertenencia comunitaria, encerrados en el círculo infantil de los caprichos, no es posible un cristianismo maduro. No tiene mucho sentido una vida espiritual individualista, poco comunicativa, desligada de la realidad que son los otros creyentes y discípulos. Lo normal en una familia es que todos se sientan unidos no solo por lazos de sangre sino también por lazos espirituales afectivos y efectivos. En el bautismo nacemos a la vida de Dios, pero también a la de la Iglesia. Si esta vida no se cultiva, si no se nutre con la comunión -común-unión-, con el diálogo, con el intercambio de experiencias, con la celebración conjunta de la fe, con el apoyo mutuo, termina agostándose. Hay que evitar también el riesgo del “individualismo comunitario”, tan propio de los movimientos sectarios. Pero de esto podremos hablar en otra ocasión.

El testimonio de G.K. Chesterton (1874-1936)


Para quienes acusan a los cristianos, y especialmente a los católicos, de ser borregos, termino citando a Chesterton, converso desde el  anglicanismo, que a los que le acusaban de haberse pasado al bando de los que se someten gregariamente a la tradición y al dogma católicos les responde: “Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre de la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo”.Lo dijo hace más de un siglo, y su testimonio sigue siendo válido hoy. La oveja de Cristo ha encontrado finalmente en Él y en su Iglesia la tranquilidad y seguridad que no han podido darle los nuevos clérigos: contertulios televisivos vendidos al sistema y cómicos subvencionados, cuyo evangelio es el relativismo, la moda pasajera muerta antes de ver la luz, y que -según el decir de Chesterton- somete al hombre a la humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo.
 
Casto Acedo Gómez. Abril 2013. paduamerida@gmail.con. 61998

miércoles, 17 de abril de 2013

Jesús es el pastor modelo


IV Domingo de Pascua (ciclo C)
He 13,14.43-52  -  Ap 7,9.14-17  -  Jn 10,27-30

Conozco a mis ovejas y yo les doy la vida eterna
*Jesús está en Jerusalén y se pasea en el pórtico de Salomón, durante la fiesta de la Dedicación del Templo… Es invierno… En esta circunstancia, algunas autoridades judías se acercan a Jesúsy le preguntan: Si eres el Mesías -el Cristo- dilo claramente.
Jesús, utilizando un lenguaje pastoril, les responde: Ya se lo dije, pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas. Luego, aquellas autoridades precisamente por no ser ovejas de Jesús,no solo intentan apedrear a Jesús, sino también buscan arrestarlo.
Lamentablemente, esas autoridades no solo buscan acabar con Jesús,sino también roban, matan y destrozan el rebaño.
*Uno de los problemas que afecta a la mayoría de nuestra población
es la globalización económica que no tiene patria ni fronteras.
El neocolonialismo ha globalizado la pobreza pero no la riqueza.
Es lamentable que los trabajadores ya no tienen horarios de trabajo.
Con la inestabilidad laboral se ha incrementado la desocupación.
Hay exclusión, pobreza y miseria, aunque ciertos sectores lo niegan.
También es preocupante la contaminación del medio ambiente…
Tras estas injusticias: Hay autoridades que se apacientan a sí mismas.
Por falta de pastor las ovejas son presa de las fieras salvajes,
andan extraviadas y nadie va a buscarlas (Ez 34,1-10).
*Ante las consecuencias negativas de una industrialización salvaje,
los cristianos debemos seguir el ejemplo de Jesús -el Buen Pastor- que
nos sigue diciendo: Conozco a mis ovejas y yo les doy la vida eterna.
Algo más: Una religión de misa dominical pero de semanas injustas, 
no agrada al Señor. Una religión de mucho rezo pero con hipocresías
en el corazón, no es cristiana. Una Iglesia que se instalara solo 
para estar bien, para tener mucho dinero, mucha comodidad,
pero que olvidara el reclamo de las injusticias, no sería la verdadera 
Iglesia de nuestro divino Redentor (Oscar Romero, 4 dic. 1977).

Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen
Ante la torrencial lluvia de palabras, voces, propagandas, ruidos…
necesitamos urgentemente recuperar de nuevo el silencio,
para tener la capacidad de escuchar la voz de Jesús y seguirle.
*Así lo hacen Andrés y Juan, al oír que Jesús es el Cordero de Dios,
le siguen, ven dónde vive y se quedan con Él (Jn 1,35-39).
*A ciertas autoridades judías que buscan la manera de matar a Jesús,
porque no solo viola el sábado, sino que llama Padre suyo a Dios;
Jesús les dice: Quien escucha mi palabra y cree en Aquel 
que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, 
sino que ha pasado de la muerte a la vida (Jn 5,24).
*Al finalizar su ministerio público en Jerusalén, Jesús exclama:
Al que escucha mis palabras y no las cumple yo no le juzgo,
porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
Quien me desprecia y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue:
la palabra que yo he dicho lo juzgará el último día (Jn 12,47s).
En la época de Jesús, los discípulos escogían a sus maestros,
con la finalidad de imitarle y, luego, tener la misma autoridad.
Jesús, en cambio, opta por un camino diferente. El mismo
toma la iniciativa de llamar a sus discípulos, para que vivan con Él,
y para que colaboren en el proyecto de anunciar el Reino de Dios.
Además, quien sigue a Jesús lo hace libremente y de por vida.
*Este seguimiento de Jesús -igual que la conversión y la fe-
es universal, ninguna persona está excluida, está abierto a todos.
Es gratuito, se da como un don, pero se construye como una tarea.
*Quien sigue a Jesús lo hace de una manera incondicional y radical,
dando lo mejor de sí mismo: la vida; pues hay que morir para vivir,
perder para ganar, ser pequeño para ser grande, servir para ser señor.
*Este seguimiento es arriesgado, lleno de sorpresas e incertidumbres;
pues el discípulo de Jesús está expuesto a la inseguridad, a la duda,
al conflicto, incluso al fracaso, pero sabe en Quién está confiando.
*Tanto ayer como hoy, no todos siguen a Jesús de la misma forma,
ni por el mismo motivo o finalidad, ni con los mismos resultados.
Unos siguen a Jesús por curiosidad y de una manera superficial…
Otros lo hacen buscando la manera de matarle, son sus enemigos…
También están los auténticos… al respecto tengamos presente que
la primera y última palabra de Jesús a Pedro es: Sígueme.
J. Castillo A.

Tabor y cruz (8 de marzo)

  Somos seres en búsqueda; los hombres nos pasamos la vida “buscando”. Buscamos la felicidad,  la suerte, un lugar para vivir, buscamos trab...