martes, 31 de octubre de 2017

Solemnidad de Todos los Santos (1 de Noviembre)

La fiesta de los Todos los Santos comenzó a celebrarse en los primeros siglos para resaltar la valentía de los “mártires”, primeros testigos de la fe. Muchos de ellos dieron su vida por el evangelio, creyeron en la utopía posible de un mundo empapado del espíritu de las bienaventuranzas según la mentalidad del Reino que Jesucristo predicó, una sociedad regida por los principios de amor como motor y la fraternidad como tarea. Por la causa del Reino vivió Jesús y por ella murió; los primeros mártires (santos) dieron su vida por la misma causa que Jesús, el Mártir, que “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”. (Mc 10,45)

Las bienaventuranzas, retrato de Jesús
 
Los santos son para nosotros modelo de vida cristiana, aunque el punto de referencia, la medida por excelencia, la tenemos en Jesús; él es el paradigma definitivo y último de toda bienaventuranza. Cuando proclamamos la santidad de los pobres de espíritu, de los mansos, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los perseguidos (cf Mt 5,1-11), estamos haciendo una fotografía de Jesús, un resumen de su ser y su modo de vida. La santidad pertenece a Dios (al Hijo entregado por nosotros), y nuestra santidad es participada: “-Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido? ... –Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero”. (Ap 7,13). La blancura (santidad) no la dan los méritos de los santos, sino que es un don de Dios, fruto de la sangre del Cordero que "con su sangre nos ha justificado" (Rm 5,9).  
Como  gracia que es, la santidad es gratis, pero no barata; es un don caro (cuesta lo suyo), porque pide el pago de una respuesta agradecida. Dios concede la salvación, pero el hombre ha de aceptarla, respondiendo a los requerimientos de su amor; recibir y vivir la santidad exige un acto de libertad, una decisión firme de luchar contra el mal y la muerte que también pugna por hacerse un hueco en el corazón del hombre. Responder “sí” a Dios, como María Santísima, supone a veces tribulaciones, sufrimientos; es el caro (valioso y querido) precio de la Santidad.
 
Por lo que tiene de sacrificio, ser mártir (santo) no está de moda. Nuestra cultura hedonista y racionalista, que se jacta de  su hermosa declaración de Derechos Humanos, que no son sino un desarrollo del Evangelio pero sin su esencia: Dios, que quiere un mundo “como Dios manda” pero sin Dios; una cultura la nuestra que oculta sus injusticias envolviéndolas con hermosas teorías y prácticas solidarias puntuales, que se harta de regalar palabras mientras otros sufren hambre de pan; una sociedad que ha hecho del martirio una maldición al proclamar como indigno cualquier forma de sufrimiento. ¡Cuánto más si este sufrimiento es fruto de una elección libre por servir a Dios y al prójimo! Se cree en la solidaridad, pero que sea indolente y triunfalista; se busca la paz, pero con el corazón contaminado por el consumo, sin conciencia de que el derroche solo es posible por la explotación y violencia ejercida sobre otros.
 
Los santos, modelos de reforma para la Iglesia
 
Un mundo así está falto de santidad y necesitado de reforma; y para esto se necesitan testigos que con su manera de ser y estar muestren que no todo se perdió,  porque Dios sigue entre nosotros. Los grandes santos han sido hitos avanzados de la Iglesia, del mundo y de la vida misma. Siempre fueron incomprendidos porque pusieron ante los sorprendidos ojos de sus coetáneos una manera distinta de leer y actuar la historia. Auténticos rompedores. Nos interrogan acerca de cómo vivimos hoy la fe, de si somos alternativa a la sociedad como lo fueron ellos, de si estamos dando un toque de esperanza a la Iglesia y al mundo como ellos lo dieron.
 
Ser santo implica siempre una ruptura con lo viejo (pasado) y una mirada a lo nuevo (futuro). Los primeros mártires cristianos, con la radicalidad de su lucha por la libertad del hombre frente a los poderes imperialistas del mundo (idolatría de la riqueza, el poder y el estatus social) , fueron motivo de esperanza para la Iglesia naciente; por eso mismo la fiesta de Todos los Santos debería de ser para nosotros una llamada a la esperanza:

*Porque los primeros mártires cristianos (Esteban, Santiago, Pedro, Pablo, Eulalia de Mérida...) nos han enseñado que Dios no admite componendas con señores de este mundo; que merece la pena mantenerse fiel hasta el final; que aunque nos maten el cuerpo, más allá de esta vida pasajera hay Vida Eterna; y, por tanto, otro mundo es posible.

*Porque hombres y mujeres como Francisco y Clara de Asís, Antonio de Padua, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Ignacio de Loyola, demostraron que una Iglesia oscurecida por la desidia y la tibieza de sus miembros puede ser “reformada”, puede renacer cuando nuevamente se da paso al Espíritu de Dios.
 
*Porque hombres de hoy, testigos privilegiados del amor de Dios, como Juan XXIII, Oscar Romero, Teresa de Calcuta, Carlos de Foucauld, y tantos otros que nosotros mismos hemos conocido, nos enseñan que el estilo de vida comprometido y alegre del Evangelio,es posible también en nuestro tiempo.
 
La Santidad de los hombres es un reflejo del amor de Dios, que no se queda encerrado en el fuero interno de la Santísima Trinidad, sino que creando (Padre), redimiendo (Hijo) y santificando (Espíritu Santo) sale afuera y hace partícipes de su santidad al mundo y a los hombres. Hoy la Iglesia peregrina hace memoria solemne de la  Iglesia triunfante, se alegra “por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad” (Prefacio de la solemnidad). Los Santos son para la Iglesia modelo, ejemplo de cómo el reino de Dios ha tomado tierra; con su vida los han ido poniendo rostro al evangelio de Jesucristo, que en ellos ha pasado de ser letra a ser historia. 
 
Miramos hacia atrás recordando la vida ejemplar de los santos,  y en el hoy nos unimos a la gloria festiva de la Iglesia del cielo. Gozamos con ellos su bienaventuranza, pero no nos quedamos embebidos mirando al cielo, porque la sonrisa del triunfo de los nuestros nos anima a continuar la obra comenzada por Jesús. Él,  encabezando la procesión de los santos, está y estará siempre con nosotros hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28,20).

Seamos conscientes de que hemos recogido la antorcha de la fe que se viene pasando de generación en generación desde hace casi dos mil años. Por muy grises u oscuras que nos puedan parecer las circunstancias, sabemos que ya hubo tiempos peores y “dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 5,11-12). Las dificultades son los dolores del parto que está alumbrando un mundo nuevo (cf Rm 8,22).

Casto Acedo Gómez. Noviembre 2017. paduamerida@gmail.com.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Denles ustedes de comer

18º Domingo, Tiempo Ordinario, ciclo A
Is 55,1-3  -  Rom 8,35-39  -  Mt 14,13-21

   Al jefe de los fariseos que le había invitado a comer, Jesús le dice:
No invites a tus amigos, familiares o vecinos ricos… (Lc 14,12ss).
   Lamentablemente, hay ricos que ofrecen banquetes que matan,
son incapaces de ver el hambre de los pobres Lázaros (Lc 16,19ss).
   Muy diferente la práctica de Jesús… Sus comidas dan vida,
porque acoge a pecadores y despreciados, y come con ellos (Lc 15).  

La muerte del profeta Juan
   Juan Bautista es asesinado el día del cumpleaños del rey Herodes,
durante un banquete con jefes y personas importantes de Galilea.
También participa en ese banquete Herodíasque odia a Juan,
y su hija utilizada por su madre para pedir la cabeza del Bautista.
   Durante esa abundante comida y bebida, aparece la muerte:
La cabeza de Juan el Bautista la traen en un plato,
se la dan a la joven, y ella la entrega a su madre(Mt 14,1-12).
   Jesús que recorre pueblos y ciudades para dar vida, está advertido;
los profetas de Dios son perseguidos por los poderosos de siempre.
Pero Él no retrocede… Se va en una barca a un lugar apartado,
como en muchas otras ocasiones, Jesús se retira para orar.
Al respecto, meditemos en los siguientes textos de Mateo:
*Padre nuestro… Danos hoy el pan de cada día… (Mt 6,9ss).
*Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos,
y las diste a conocer a la gente sencilla (Mt 11,25).
*En la última Cena, mientras comen, Jesús toma en sus manos el pan
y, habiendo dado gracias a Dios, lo parte y se lo da a sus discípulos
diciendo: Toman y coman, esto es mi cuerpo(Mt 26,26s).
*Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo,
pero que no se haga lo que yo quiero, sino tu voluntad(Mt 26,39).
*Cerca de las tres de la tarde, Jesús grita con fuerza:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt 27,46).

No tienen necesidad de irse
  Al desembarcar, Jesús veuna multitud de hombres, mujeres y niños,
se compadecede todos ellos… y sana a los enfermos. 
Con su mirada de compasión y con sus manos que dan vida,
Jesús nos muestra el camino que debemos seguir en nuestros días.
Sin embargo, ¿cómo anunciar a Dios, amigo de la vida,
en una sociedad injusta donde los pobres mueren antes de tiempo?
   Al atardecer, los discípulos se acercan a Jesús y le dicen:
Estamos en un lugar despoblado y ya es tarde, despide a la gente
para que vayan a los pueblos vecinos a comprar alimentos.
   Hoy, para reactivar la economía se favorece a empresarios ricos,
quienes después de apropiarse de nuestras riquezas naturales,
“despiden” a los nativos, para que emigren a la ciudad o al extranjero.
El problema del hambre, ¿se soluciona, explotando a los pobres?
¿Puede un seguidor de Jesús vivir de espaldas ante esta realidad?
¿A quiénes beneficia la carrera armamentista… el narcotráfico…?

Jesús bendice los panes y los pescados
   Jesús en cambio va a la raíz del problema: compartir nuestro pan;
y nos dice: No tienen necesidad de irse, denles ustedes de comer.
Cinco panes y dos peces no van a solucionar el hambre de los pobres,
pero es el inicio para desencadenar una auténtica generosidad;
donde los que tienen algo para comer colaboran y comparten,
y los que no tienen nada, son acogidos en una comunidad fraterna.
   Adiferencia de Herodes que invita a un grupo de gente poderosa,
Jesús acoge a las personas excluidas por la sociedad y la religión:
Toma en sus manos los cinco panes y los dos peces…
Alza la mirada al cielo… Da gracias… Parte el pan…
Se los da a sus discípulos… Y ellos los reparten entre la gente.
Estos gestos tienen relación con la celebración de la última Cena.
   Ante el grave problema del hambre, el Concilio Vaticano II dice:
Alimenta al que tiene hambre, porque si no lo alimentas, lo matas.
Comparte tus bienes, ayudaen primer lugar a los pobres,
para que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos (GS, n.69).
   ¿Es justo amontonar pan (riquezas), cuando millones de pobres
mueren de hambre, en países con mayoría de población católica?
¿Qué sentido tiene ofrecer a Dios el pan y el vino, frutos de la tierra
y del trabajo de las personas, cuando no sabemos compartir?
J. Castillo A.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Camino, verdad y vida

5º Domingo de Pascua, ciclo A
Hch 6,1-7  -  1Pe 2,4-9  -  Jn 14,1-12

   Cuando hay: desorientaciones… mentiras… violencias…
¿qué podemos hacer?, ¿seguir la corriente?, ¿quedarnos indiferentes?
   Hay aquí un gran desafío, debemos dar testimonio de Jesús, pues:
-Él es el camino que nos conduce al Padre.
-Él es la verdad que nos hace libres.
-Él es la vida que nos colma de alegría. (Plegaria Eucarística V,b).

Jesús es el camino
   Hoy en día, sobre todo en la ciudad, hay hombres y mujeres que:
viven desorientados… corren de un lugar a otro sin saber para qué…
son esclavos del consumismo… buscan sus propios intereses…
   Si añadimos: la drogadicción… el alcoholismo… la pornografía…
vamos a encontrarnos con personas que están destruyendo su vida,
y también destruyendo su hogar y el futuro de otras personas.
   Los cristianos y personas de buena voluntad debemos preguntarnos:
¿Por qué ocurre todo eso en un país con tantos millones de católicos?
¿Qué educación estamos dando? ¿Qué está haciendo la Iglesia?
(Preguntas de Benedicto XVI a un grupo de obispos mexicanos, 2006).
  Si damos más importancia a las costumbres humanas y apariencias...
al prestigio y a la complicidad con el poder económico… etc.
las consecuencias están a la vista: un pueblo creyente desorientado.
   Cuánta falta nos hace seguir a Jesús para no caminar en tinieblas:
*El camino que lleva a la perdición es ancho y muchos van por ahí.
¡Y qué angosto y estrecho es el camino que lleva a la salvación!,
y son pocos los que lo encuentran (Mt 7,13s).
*Juan vino, enseñando el camino de la justicia, y no le creyeron;
mientras que los publicanos y las prostitutas le creyeron (Mt 21,32).
*La luz está todavía entre ustedes, pero por poco tiempo.
Caminen mientras tengan luz, para que no les sorprenda la noche;
porque quien camina en la oscuridad, no sabe a dónde va.
Mientras tengan luz, crean en ella y serán hijos de la luz (Jn 12,35s).

Jesús es la verdad
  ¿Hasta cuándo ciertos medios de comunicación seguirán mintiendo,
en vez de informar objetivamente y formar la opinión de la gente?
¿Se justifica jurar por la Biblia, ante la imagen del Crucificado, 
para “decir la verdad, toda la verdad  y nada más que la verdad”;
sabiendo que el juicio ya lo ganó el que sobornóal juez y testigos?
¿Por qué hay candidatos creyentes que dicen una cosa en su campaña
y, al llegar a ocupar el cargo, mienten y hacen todo lo contrario?
Nuestra homilía, ¿crea opinión pública inspirada en el Evangelio?
   Oigamos la voz de Jesús y, como Él, seamos testigos de la verdad:
*Si permanecen fieles a mi palabra, serán realmente discípulos míos,
Entonces conocerán la verdad y la verdad les hará libres (Jn 8,32).
*Padre, santifícalos con la verdad, pues tu palabra es la verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, también yo los envío al mundo.
Por ellos me santifico, para que sean santificados con la verdad.
Ruego por los que, mediante su palabra, van a creer en mí(Jn 17,17s).
*Yo soy rey y vine al mundo, para dar testimonio de la verdad.
Quien está de parte de la verdad escucha mi voz (Jn 18,37).

Jesús es la vida
   ¿Qué hacemos cuando se destruye: la vida de nuestra madre tierra,
la vida de los pobres indefensos, la vida de las futuras generaciones?
Hace falta conversión ecológica, pues el crimen contra la naturaleza
es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios(LS, 8).
Además, los creyentes debemos tomar conciencia que: cada criatura
refleja algo de Dios y tiene un mensaje que enseñarnos(LS, n.221).
La Eucaristía -nos recuerda el Papa- es fuente de luz y de motivación
para preocuparnos por el ambiente y cuidar todo lo creado(LS, 236).
   Por todo esto, que el pan y el vino que ofrecemos en la Eucaristía,
sean fruto no de la tierra contaminada, sino de la tierra que da vida;
y sean también fruto de un trabajo dignode los hombres y mujeres.
   Jesús, el Campesino de Nazaret, tiene autoridad moral para decir:
*Yo soy el pan vivo… el que coma de este pan vivirá (Jn 6,51).
*Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante (Jn 10,10).
*Éste es mi mandamiento: ámense unos a otros como yo les amo.
El amor más grande es dar la vida por sus amigos (Jn 15,12s). 
*Padre, esta es la vida eterna: conocerte a ti, el único Dios verdadero,
y conocer a Jesucristo, a quien tú enviaste(Jn 17,3).
J. Castillo A.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El pastor da vida a las ovejas

4º Domingo de Pascua, ciclo A
Hch 2,14.36-41  -  1Pe 2,20-25  -  Jn 10,1-10

   Con un lenguaje simbólico y sencillo, el Evangelio nos recuerda
que los cristianos debemos escuchar la voz de Jesús… y seguirle…
Esa voz no debemos confundirla con escritos y costumbres humanas,
que distan de las enseñanzas y obras de Jesús, nuestro único Maestro.

Las ovejas no oyen la voz de los extraños
   En la época de Jesús y en nuestros días, hay malos pastores,
es decir, malas autoridades que asaltan, roban, matan (cf. Ez 34).
   Al respecto, el III Concilio de Lima (1582-1583),
con mucha razón, hizo la siguiente denuncia que tiene actualidad:
A los curas y a otros ministros eclesiásticos manda muy de veras
que se acuerden que son pastores y no carniceros… Es cosa muy fea
que los ministros de Dios se hagan verdugos de los indios (III acc, 3º).
   Hoy, no debemos hacer mal uso de la imagen de ovejas y pastores,
para justificar: -que la Iglesia Cristo es una sociedad de desiguales…
-que solo la jerarquía tiene autoridad para conducir a la multitud…
-que los clérigos son ministros sagrados, los demás son laicos…
(Vaticano I, sobre la Iglesia.  Pío XI, Vehementer Nos.  CIC, cn.207).
   Sobre el clericalismo (influencia excesiva del clero en la sociedad),
el 19/marzo/2016, el Papa Francisco escribe al Card. Quellet y dice:
*El clericalismo es una de las deformaciones en América Latina,
pues anula la personalidad de los cristianos, disminuye y desvaloriza
la gracia bautismal que el Espíritu puso en el corazón de la gente.
*El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado,
tratándolo como “mandaderos”, limita las distintas iniciativas,
esfuerzos y osadías necesarias para poder llevar el Evangelio
a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político.
*El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas,
va apagando el fuego profético de toda la Iglesia.
*El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad
de la Iglesia pertenece al Pueblo de Dios, y no a unos pocos elegidos.

El pastor conoce a las ovejas
   En la carta al Card. Quellet -refiriéndose al pastor- el Papa dice:
El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos
continuamente invitados a ver, proteger, acompañar, sostener, servir.
Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos.
Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo;
pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos.
Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores.
Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir.
El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro.
Muchas veces se va adelante marcando el camino,
otras detrás para que ninguno quede rezagado y, no pocas veces,
se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.
   Más adelante, el Papa subraya la importancia de nuestro bautismo:
El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad
y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo.
Por él y con la unción del Espíritu Santo,(los fieles) quedan
consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo(LG, n.10).
Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces
en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo.
Nos bautizaron laicos, signo permanente que nadie podrá eliminar.
Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite
de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos;
sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios.
   Como miembros del Santo Pueblo de Dios, tengamos presente que:
Jesús es la puertapara conocer el rostro misericordioso del Padre.
Jesús es la puertaque hace realidad entre nosotros el Reino de Dios.
Jesús es la puertapara que tengamos vida, y la tengamos abundante.
   Para conocer a Jesús… oír sus enseñanzas… seguir su ejemplo;
meditemos en las palabras que Él dijo, según el Evangelio de Juan:
*Yo soy el pan de vida, el que viene a mí, no pasará hambre (6,35).
*Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no anda en tinieblas (8,12).
*Yo soy la puerta de las ovejas (texto del Evangelio de hoy, 10,9).
*Yo soy el buen pastor que da su vida por las ovejas (10,11;  Sal 23).
*Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí no morirá (11,25).
*Yo soy el camino, la verdad y la vida (14,6).
*Yo soy la vid, y ustedes son los ramas (15,5).
J. Castillo A.

miércoles, 26 de abril de 2017

Quédate con nosotros

3º Domingo de Pascua, ciclo A
Hch 2,14.22-33  -  1Pe 1,17-21  -  Lc 24,13-35

  Aquel Domingo, dos discípulos de Jesús se van al pueblo de Emaús,
totalmente desanimados por los sucesos dolorosos del Viernes.
Pero después, se levantan y vuelven a Jerusalén… ¿Qué ha sucedido?
Gracias al encuentro con Jesús resucitado, ellos son reconciliados,
como lo fueron: María Magdalena… Tomás… los discípulos…Pedro.
  
Esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel
   Estos dos discípulos huyen de la violencia que hay en Jerusalén,
y también abandonan la comunidad que Jesús ha formado.
Temerosos de morir como Jesús, buscan refugio en otro lugar,
pues herido mortalmente el pastor, las ovejas se dispersan (Mc 14,27).
Mientras se alejan, el mismo Jesús se acerca y camina con ellos,
pero son incapaces de reconocerlo, lo confunden con un forastero.
   Para reconciliarlos, Jesús se interesapor lo que van conversando…
les pregunta… escucha con paciencia la idea que tienen de Él…
Ellos reconocen que Jesús es un Profetapoderoso en obras y palabras,
además, esperaban que Él libraría a su nación de la esclavitud romana;
pero las autoridades religiosas y políticas lo condenaron y crucificaron.
   Hoy, ya no son dos… son miles los emigrantes y forasteros,
que para salvar sus vidas, abandonan la tierra que los vio nacer,
y se arriesgan a cruzar: desiertos, mares, muros alambrados…
¿Hasta cuándo las riquezas naturales de África y de América Latina,
serán devoradas por los países ricos y sus empresas transnacionales?
   Ojalá los responsables del capitalismo salvajeoigan esta denuncia:
Ustedes ricos: lloren y griten por las desgracias que van a sufrir.
Tus riquezas están podridas. Tus ropas están apolilladas.
Tu oro y tu plata se han oxidado y eso es una prueba contra ustedes…
El salario que no dieron a los obreros que trabajaron en tus campos,
clama al cielo y el Señor misericordioso ha oído ese clamor.
Ustedes llevan una vida de lujo y placeres, engordando como ganado,
condenan y asesinan a inocentes que no pueden defenderse(Stgo 5).

Reconocen a Jesús al compartir el pan
   Después de oírles, Jesús continúa el proceso de reconciliación.
Para ello, les hace una verdadera interpretación de las Escrituras:
¡Cómo les cuesta creer lo que han anunciado los profetas!...
Luego, les explica todo lo que Moisés y los profetas dijeron sobre Él.
La Escritura por sí sola no abre los ojos, pero hace arder el corazón.
   Cerca de la aldea de Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante,
pero ellos le insisten diciendo: Quédate con nosotros, ya es tarde.
Ambos acogen a Jesús, -el Forastero- y le invitan a compartir el pan.
Mientras están sentados alrededor de la misma mesa,
Jesús toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo da.
En ese momento, se les abren los ojos y reconocen a Jesús.
   Ya reconciliados, asumen de otra manera las ilusiones y temores
que han tenido… y actúan -en delante- de una manera diferente:
-ellos huían de Jerusalén, pero ahora se levantan y vuelven ilusionados;
-han abandonado el grupo, pero vuelven a compartir la Buena Noticia.
   Comer juntos es el deseo de miles de personas que sufren hambre.
Para ello, no basta repetir la doctrina cristiana, ni leer documentos…
Hace falta: -oír la voz de Jesús que hace arder nuestros corazones,
-acoger a sus hermanos, -compartir con ellos el pan de cada día.
Felices ustedes,  nos dice, porque tengo hambre y me dan de comer…
soy forastero y me acogen en sus casas… (Mt 25,31ss).
   Meditemos, en el texto de Lucas, las comidas de Jesús en las casas.
*En Galilea: -con pecadores en casa de Leví (Mateo) (5,29)
-en casa del fariseo Simón, donde una pecadora le lava los pies (7,36),
-en Betsaida, durante la multiplicación de los panes (9,19).
*Camino a Jerusalén: -en casa de Marta y María (10,38),
-en casa de un fariseo fiel cumplidor de tradiciones humanas (11,37),
-un sábado, en casa de otro fariseo importante (14,1),
-en casa de Zaqueo, jefe de los cobradores de impuesto (19,1).
*En Jerusalén: -durante la celebración de la cena Pascual (22,7),
-en la casa de los discípulos de Emaús (texto de hoy) (24,13),
-en la casa donde se llevó a cabo la cena Pascual (24,36).
   Sobre la Iglesia doméstica, S. Juan Crisóstomo (349-407) nos dice:
Vuelto a tu casa prepara dos mesas: una de los alimentos,
y la otra de la Sagrada Escritura para que tus hijos la escuchen.
De esta manera harás de tu casa una iglesia doméstica.
J. Castillo A.

Tabor y cruz (8 de marzo)

  Somos seres en búsqueda; los hombres nos pasamos la vida “buscando”. Buscamos la felicidad,  la suerte, un lugar para vivir, buscamos trab...