domingo, 6 de diciembre de 2015

Una voz grita en el desierto

2º Domingo de Adviento (ciclo C)
Baruc 5,1-9  -  Flp, 1,4-11  -  Lc 3,1-6

Desde el siglo 6º antes de Cristo, el pueblo de Israel no tiene profetas:
Ya no tenemos profetas y nadie sabe hasta cuándo (Sal 74,9).
   Siglos después, Dios habla pero no en Roma ni en Jerusalén, sino
en el desierto, donde está el profeta Juan, hijo de Zacarías e Isabel.
Desde el desierto, Juan predica un bautismo de conversión… prepara
el camino del Señor… anuncia que todos verán la salvación de Dios.

Juan predica un bautismo de conversión
   Juan el Bautista, sacerdote rural como su padre Zacarías,
deja sus labores del templo y se va al desierto a orillas del Jordán,
donde vive con sencillez, oye la voz de Dios y la pone en práctica.
   Desde el desierto, Juan predica un bautismo de conversión,
que no se reduce a un rito: sumergirse en las aguas del Jordán,
sino en mostrar los frutos de una sincera conversión.
   Luego, para que la gente no piense que él es el Mesías, anuncia:
Yo les bautizo con agua, pero viene uno con más autoridad que yo…
Él les bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Más tarde,
con el pueblo que viene a bautizarse, Juan bautiza a Jesús.
   Durante su juventud, Agustín de Hipona (354-430) busca a Dios,
entre luces y sombras; y esta búsqueda sincera lo lleva a exclamar:
¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo? ¿Mañana? ¿Por qué no hoy
mismo? ¿Por qué no poner fin a mis torpezas en esta misma hora?
Su bautismo, a los 33 años, significa conversión y cambio de vida.
   La conversión es un proceso permanente que abarca toda la vida:    
“Todo bautizado ha de romper continuamente con lo que aún tiene
del hombre viejo, del hombre pecador, siempre inclinado a ceder a
la tentación del demonio (y cuánto actúa en nuestro mundo y en estos
momentos de conflicto, de odio y de guerra), que lo lleva: al egoísmo,
a encerrarse en sí mismo y a la desconfianza, a la violencia y al
instinto de destrucción, a la venganza, al abandono y a la explotación
de los más débiles” (Papa Francisco, República Centroafricana, 30/11/ 2015).

Preparen el camino del Señor
   Cuando nace Juan, su padre Zacarías, lleno del Espíritu Santo, dice:
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante
del Señor, a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo
la salvación, el perdón de sus pecados (Lc 1,76s).
   Ahora que el tiempo se ha cumplido, Lucas citando al profeta Isaías
escribe: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor.
Se trata de un camino donde hay: misericordia, compasión, perdón…
Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está
cerca. Que el malvado abandone su camino, que el criminal deje sus
planes. Vuélvanse al Señor y Él tendrá compasión de ustedes (Is 55).
   Siendo Jesús el Camino que nos conduce a Dios, digamos con fe:
Señor, que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir
los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio.
Que nos preocupemos de compartir -en la caridad- las angustias
y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres y mujeres,
y así les mostremos el camino de la salvación (Plegaria Eucarística V/c).

Todos verán la salvación de Dios
   El año 2014, solamente 85 poderosos más ricos del mundo tenían
la misma cantidad de dinero que 3,500’000,000 de personas pobres.
Las consecuencias están a la vista: el peso de la miseria que sufren
los niños, jóvenes y adultos; y la destrucción de nuestra madre tierra.
   *Sabiendo que Jesús vino a salvar lo que está perdido (Lc 19,10),
los cristianos no podemos permanecer indiferentes e impasibles.
Salgamos al encuentro de los hermanos de Jesús que necesitan:
alimento, agua, vestido, salud, vivienda, trabajo, educación (Mt 25).
   *En estos días se realiza en París la COP 21 sobre el cambio climático.
A estas alturas, ¿para qué sirvieron las Cumbres anteriores?
Lamentablemente, prevalecen los intereses de ciertos países como
EE.UU, China, Rusia… y de muchas empresas transnacionales.
   Al respecto, preguntaron al Papa Francisco: ¿Usted cree que se den
pasos importantes? Su respuesta fue: Estamos al borde de un suicidio,
pero estoy seguro de que casi la totalidad de los que están en París
tienen esta consciencia y quieren hacer algo… Confío en esta gente, 
hará algo. Espero que sea así y rezo por ello (30 noviembre 2015).
   La oración de los pobres hará posible salvar lo que está perdido,
y que Adviento sea la venida de un mundo nuevo para todos. 
J. Castillo A.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Se acerca nuestra liberación

I Domingo de Adviento, ciclo C
Jer 33,14-16  -  1Tes 3,12-4,2  -  Lc 21,25-36

   Siendo Adviento un tiempo privilegiado de esperanza y vigilancia,
las lecturas de este domingo nos hablan de: Dios es nuestra justicia…
Crecer en el amor… Se acerca el día de nuestra liberación…
   ¿Qué hacer para que estos textos sean un mensaje de esperanza,
para las personas que sufren el peso intolerable de la miseria?
Siguiendo el ejemplo de Jesús es necesario el testimonio de las obras.

Levántense, se acerca el día de nuestra liberación
   Estando en Jerusalén, Jesús habla sobre la destrucción del templo,
también sobre guerras, hambres, pestes, terremotos, persecuciones…
En medio de tanta violencia, destrucción, angustia -ayer y hoy-,
Jesús nos anuncia esta Buena Noticia: Verán al Hijo del hombre…
Levántense… Alcen la cabeza… Se acerca el día de su liberación.
*Verán al Hijo del hombre: Dios Padre nos amó de tal manera
que nos entregó a su Hijo único, quien tomó la condición de esclavo
y se hizo semejante a los hombres: Hijo del hombre (Jn 3; Flp 2).
Por eso, creemos que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.
*Levántense: Así  lo hizo aquel joven que malgastó todo el dinero
de la herencia, llevando una vida desordenada: Me levantaré e iré
a la casa de mi padre… Y levantándose, volvió a casa(Lc 15).
Hermoso testimonio para muchos jóvenes que, en nuestros días,
se dejan arrastrar por el consumismo que esclaviza y deshumaniza.
*Alcen la cabeza: Un sábado, una mujer encorvada va a la sinagoga.
Jesús le impone las manos y le dice: Mujer quedas libre de tu mal.
Al instante, ella se endereza y alaba a Dios(Lc 13,10ss).
¡Cuánta falta nos hace enderezarnos para mirar nuevos horizontes!
*Se acerca el día de su liberación: Jesús no permanece indiferente
ante una sociedad, donde los pobres sufren las peores injusticias:
Me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres,
para liberar a los cautivos y poner en libertad a los oprimidos…
Luego dice: Hoy, se cumple esta escritura que acaban de oír (Lc 4).

Tengan cuidado del vicio, la bebida, la preocupación del dinero
   Antes que sea demasiado tarde, ojalá todas las personas de buena
voluntad y los dueños de las grandes empresas transnacionales,
escuchemos: el grito de nuestra madre tierraque está enferma,
y el grito de los pobres campesinos e indígenas que exigen justicia. 
   En el reciente encuentro de REPAM (Red Eclesial Pan-Amazonía),
que tuvo lugar en Bogotá, el peruano Alfonso López Tejada,
líder del pueblo Cocama de la región amazónica, dijo lo siguiente:
   Actualmente, uno de los grandes problemas que sufrimos es la
contaminación producida por las empresas petroleras. Durante 45
años, diversas empresas petroleras han extraído miles de barriles
de petróleo. 45 años en los que estamos sufriendo la contaminación 
de nuestros ríos y tierras. 45 años en los que las empresas petroleras
solo han dejado pobreza, han empobrecido nuestros bosques,
han empobrecido nuestros ríos y lagunas. Luego, hizo esta denuncia:
   El pescado que hoy consumimos está contaminado con metales
pesados y sustancias químicas dañinas. Pero también está 
contaminado el aire que respiramos y los productos vegetales que
consumimos. Nuestras futuras generaciones sufrirán deformaciones
genéticas. ¿Qué futuro les espera a nuestros pueblos?, preguntó.
   Para Alfonso López el desarrollo occidental es igual a destrucción:
   Nosotros no estamos con ese desarrollo. Para los indígenas
Cocama, la vida plena es la que ha sabido convivir en armonía
con la naturaleza. Con la madre tierra no tenemos solo una relación
material, con ella tenemos también una relación espiritual. Y añadió:
   Tenemos derechos y esos derechos no se negocian. Exigimos a
nuestros gobiernos que busquen una política social y medioambiental
responsable. Y para avanzar en ese esfuerzo, necesitamos que
la Iglesia Católica nos acompañe y apoye en este caminar. Tenemos
muchas cosas en común con la Iglesia: -la defensa de la vida, 
-la defensa de la naturaleza, -la defensa de la ecología, -la defensa
de la dignidad de todos los pueblos. Finalmente, el líder Cocama dijo:
   Felizmente, el Papa Francisco nos está ayudando y nos anima: 
-a defender la madre tierra, -a defender la Amazonía, -a defender la
vida, -a defender los pueblos de la Pan-Amazonía (17 nov. 2015).
   Pronto llegará Navidad y habrá adornos, luces, árboles, belenes…
¿De qué sirve todo esto si no hay paz, justicia, amor, liberación?
J. Castillo A. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

El Reino de Jesús

Jesucristo, Rey del Universo (ciclo B)
Dn 7,13-14  -  Ap 1,5-8  -  Jn 18,33-37

   El Reino que Jesús anuncia es diferente de los reinos de estemundo.
En el Reino de Dios tienen preferencia: los pobres, los enfermos,
los marginados, los despreciados (pecadores, prostitutas, paganos…):
Felices ustedes los pobres, pues el Reino de Dios les pertenece (Lc 6).
   Anunciar el Reino de Dios es para Jesús el centro de su vida, por esta
causa es perseguido por los funcionarios de la religión y es crucificado.

Mi Reino no es como los reinos de este mundo
   Para anunciar el Reino de Dios, a Jesús de Nazaret solo le basta:
la autoridad moral de su Palabra y el testimonio de su vida y obras.
   Mientras recorre pueblos y ciudades, hace todo lo posible para que 
los pobres: vean, oigan, hablen, se levanten, caminen (Lc 7,32). Este
proyecto -aparentemente inofensivo- crea miedo entre los sacerdotes
y escribas que buscan matar a Jesús, pero temen al pueblo (Lc 22,2).
   Pilato, representante del emperador romano, es el único que puede
aplicar la pena de muerte. Al juzgar a Jesús, le pregunta: Tu nación
y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
Jesús, que conoce muy bien las injusticiasque cometen: los romanos,
terratenientes, cobradores de impuestos, autoridades religiosas, etc.
responde a Pilato: Mi reino no es como los reinos de este mundo.
*Los reyes de este mundo tienen territorio y fronteras que defender.
El Reino de Jesús no está ligado a un territorio, pues Dios es Espíritu
y los que le adoran deben hacerlo en espíritu y verdad(Jn 4,24).
*Los reyes de este mundo imponen su autoridad y oprimen.
En el Reino de Jesús, sus discípulos son simples servidores:
Les he dado ejemplo para que ustedes hagan lo mismo(Jn 13,15).
*Los reyes de este mundo oprimen y amontonan riquezas materiales.
En el Reino de Jesús todos son hijos de Dios y hermanos entre sí:
Los creyentes estaban unidos y poseían todo en común. Vendían sus
sus bienes y los repartían según la necesidad de cada uno(Hch 2,45).
*Actualmente, ¿dónde se ubican ciertos sectores de nuestra Iglesia?

Vine al mundo para ser testigo de la verdad
   Pilato tiene las manos manchadas de sangre: En el templo asesina
a unos galileos, mezclando su sangre con la de sus sacrificios(Lc 13).
Sin embargo, como muchas autoridades corruptas, va a juzgar a Jesús.
Ahora bien, cuando Pilato pregunta a Jesús: Entonces, ¿tú eres rey?;
Jesús le responde: Tú lo dices. Yo soy rey, para esto he nacido,
para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.
   Mientras Pilato no dice la verdad, ni está al servicio de la verdad,
Jesús enseña y realiza la verdad, dando testimonio de la verdad:
*Enseñando en el templo de Jerusalén, Jesús dice a los judíos:
Si se mantienen fieles a mi palabra, serán realmente discípulos míos,
conocerán la verdad y la verdad les hará libres. Sin embargo,
después de una larga discusión y al no aceptar sus enseñanzas,
los judíos cogen piedras para apedrearlo (Jn 8,31-59).
*Cuando el discípulo Tomás le dice a Jesús: No sabemos a dónde vas,
¿cómo podemos conocer el camino?; Jesús le responde:
Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,5s). Seguimos a Jesús
porque solo Él es el camino que nos conduce hacia Dios, la verdad
que nos hace libres, la vida que nos colma de alegría (Prefacio V/b).
   En nuestra sociedad, hay juzgados donde, lamentablemente, se usan
la Cruz y la Biblia para mentir, coimear y condenar a los inocentes.
Hay también devotos que prefieren sepultar las imágenes de Jesús con
adornos superfluos, en vez de ayudar a quienes sufren hambre y sed.
Y no faltan cristianos/as que se creen propietariosde la verdad…
imponen su doctrina…condenan a quienes piensan de otra manera…
Muy diferente el ejemplo de Jesús: servidor y testigo de la verdad.
  No basta repetir, es necesario obras, cuando decimos Padre nuestro:
-donde hay egoísmo, venga a nosotros tu Reino de gracia,
-donde hay pecado, venga a nosotros tu Reino de santidad,
-donde hay odio, venga a nosotros tu Reino de amor,
-donde hay muerte, venga a nosotros tu Reino de vida,
-donde hay corrupción, venga a nosotros tu Reino de verdad,
-donde hay opresión, venga a nosotros tu Reino de libertad,
-donde hay explotación, venga a nosotros tu Reino de justicia,
-donde hay violencia, venga a nosotros tu Reino de paz,
-donde hay sufrimiento, venga a nosotros tu Reino de compasión,
-donde hay miseria, venga a nosotros tu Reino de misericordia.
J. Castillo A.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Un mundo nuevo es posible

Domingo XXXIII, Tiempo Ordinario, ciclo B
Dn 12,1-3  -  Heb 10,11-18  -  Mc 13,24-32

   Cuando Jesús habla sobre la destrucción del templo de Jerusalén,
Pedro, Santiago, Juan y Andrés (sus primeros discípulos, Mc 1),
le preguntan aparte: Dinos, ¿cuándo sucederá todo esto? (Mc 13).
   Al responder, Jesús les hace ver que en este mundo hay:
guerras, terremotos, autoridades corruptas, persecuciones, muertes…
Sabiendo que para cada noche oscura hay siempre un claro amanecer,
un mundo nuevo es posible desde la Buena Noticia que Jesús anuncia.

Ustedes serán perseguidos por mi causa
   Jesús es perseguido por las autoridades políticas y religiosas
hasta morir crucificado, porque anuncia el Reino de Dios.
Sus seguidores tienen que recorrer el mismo camino, porque:
El discípulo no está por encima del maestro… Si al dueño de casa
le llaman Demonio, ¡qué no dirán de su familia!(Mt 10,24s).
   Ahora bien, según el cap. 13 de Marcos, los discípulos de Jesús,
por proclamar sus enseñanzas y sus obras, son perseguidos.
*Los emperadores romanos que se consideran personajes divinos,
persiguen e interrogan a los cristianos; quienes se mantienen firmes,
porque Jesús había dicho: No se preocupen por lo que van a decir…
porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.
*Con relación a las autoridades judías, los cristianos al ser azotados
en las sinagogas por causa de Jesús, es ocasión para dar testimonio.
*Entre los problemas que hay al interior de la misma comunidad,
están los falsos mesías y los falsos profetas, que hacen milagros
hasta el punto de engañar -si fuera posible- a los elegidos.
*El odio por la causa de Jesús llega incluso a los hogares:
Un hermano entrega a la muerte a su hermano, el padre al hijo,
los hijos se levantan contra sus padres y les dan muerte.
   En medio de estas tribulaciones los cristianos no dan marcha atrás,
porque la presencia del Hijo del Hombre les acompaña: En el mundo
van a sufrir, pero tengan valor, yo he vencido al mundo(Jn 16,33).

El sol se oscurecerá, la luna perderá su brillo
   Dios Padre creó el cielo y la tierra… Y vio que era bueno (Gen 1).
Sin embargo, en la tierra crecía: maldad, corrupción, crímenes, porque
los seres humanos se habían corrompido en su proceder(Gen 6).
   Si hoy: el sol se oscurece, la luna pierde su brillo, la tierra nuestra
casa común sigue siendo destruida, las lagunas y ríos contaminados…
no es por culpa de Dios Padre, sino de nosotros: hombres y mujeres.
Por eso, ¿hasta cuándo seguiremos explotando de manera irracional
los bienes de la tierra, poniendo en serio peligro la vida de todos
y la vida de las próximas generaciones? ¿Es justo que la tierra, nuestra
casa se convierta en un inmenso depósito de porquería? (LS, 21).
   Antes que sea demasiado tarde, ojalá los cristianos y las personas
de buena voluntad hagamos algo efectivo: Llevar un estilo de vida
sencillo… Rechazar el consumismo esclavizador e ilimitado de cosas
superfluas y descartables… Utilizar de nuevo lo que hemos usado,
reparar lo que se ha malogrado, reciclar… Cambiar la economía
neoliberal, agresiva, competitiva…Solo así, diremos con S. Francisco:
Alabado seas, mi Señor, por el hermano sol… por la hermana luna…
por la hermana agua… por la hermana nuestra madre tierra…

Verán al Hijo del Hombre
   Hijo del Hombre significa que Jesús es verdadero ser humano.
Este título es utilizado por Jesús en muchas ocasiones y solo por Él.
*Estando en Cafarnaún (Mc 2), le traen a un paralítico. Viendo Jesús
la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Y como los maestros de la ley se ponen a murmurar, Jesús les dice:
El Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados...
*A los fariseos, observantes del descanso del sábado, Jesús les dice:
El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.
Por esto, el Hijo del Hombre es también Señor del sábado (Mc 2).
*Al anunciar por tercera vez su pasión, muerte y resurrección,
Jesús dice a sus discípulos: El Hijo del Hombre será entregado
a los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley. Se burlarán de Él
y le darán muerte, pero tres días después resucitará(Mc 10).
   Desde el momento que Dios viene a nosotros en la persona de Jesús,
Hijo de Dios e Hijo del Hombre,  Jesús -presente en sus hermanos
pobres (Mt 25)- es el camino que nos conduce a Dios.
J. Castillo A.

El triunfo de los justos (Domingo 15 de Noviembre)

Para leer las lecturas del XXXIII Domingo Ordinario B, clickar

  

“Después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán” (Mc 13,24-25). Una lectura literal de este texto da un cierto respeto, sino miedo. Pero sería un error interpretar esto como una amenaza, hacer de ello un motivo para llamar a la conversión por el temor antes que por el arrepentimiento y la compunción. Pobre servicio haríamos a la fe si leemos este texto de san Marcos en clave de “desquite y venganza” de Dios, cuando el Evangelio es “buena noticia” del mismo Dios y como tal se presenta ante nosotros. Pero ¿dónde está en este evangelio la “buena noticia”? Vayamos por partes.
 
El triunfo del bien sobre el mal.
 
Estamos terminando ya el año litúrgico. Y en estos domingos finales, los textos litúrgicos nos van hablando de las “cosas últimas”. Ya el domingo pasado, en cierta manera, se nos hablaba también de esas cosas, porque al presentarnos a los maestros de la ley, que buscan los primeros puestos y que les honren en las plazas, y al contrastar la figura de los ricos que echaban monedas en el templo con la viuda que echaba todo lo que tenía (cf Mc 12,38-44), Jesús ya advierte sobre  qué es lo definitivo a los ojos de Dios. Entre ese evangelio del domingo pasado y el de hoy san Marcos coloca un discurso amplio de Jesús al hilo de unas apreciaciones que le hacen los discípulos: “Maestro, mira qué piedras y qué construcciones” (Mc 13,1), le dijo uno de sus discípulos al salir del templo, y Jesús aprovecha para poner en evidencia la vanidad de las construcciones externas: “¿Ves esas grandiosas construcciones? Pues no quedará aquí piedra sobre piedra” (Mc 13,2), las grandes construcciones, así como los ricos que las edifican y sustentan, están destinadas a desaparecer, y quedará la nueva creación donde lo pequeño y sencillo, como la viuda del templo, pervivirá.
 
Más tarde, estando sentado en el monte de los olivos contemplando el templo, “Pedro, Santiago y Juan le preguntan: ¿Cuándo ocurrirá eso y cuál será la señal?” (Mc 13,1-4). Y Jesús aprovecha para dar a sus discípulos unas enseñanzas sobre los tiempos finales (discurso escatológico en Mc 13,5-23). Esta enseñanza se puede resumir en estos puntos: *La historia tiene que pasar todavía por grandes tribulaciones -guerras, terremotos, hambre- (5-8);  *El mal se enseñoreará de la tierra (14-20); *surgirán falsos mesías (21-23); *vosotros vais a sufrir persecuciones, pero el que persevere se salvará (9-13). 
 
El final no verá el triunfio del mal sino del bien, encarnado en el Hijo del Hombre, Jesús, cuya luz brillará más que la luz de los astros -“el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo”-, y cuyo poder será superior a cualquier otro -“los ejércitos celestes temblarán”-. El final no será de muerte sino de vida, no será la victoria del mal sino la de la justicia (del justo): “Entonces verán venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad; enviará los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo” (Mc 13,24-25).
Cuando veas, pues señales de destrucción y de muerte, que parecen evidenciar el triunfo del mal, no te desanimes, porque el triunfo final corresponde al bien (optimismo cristiano). Cuando sucedan esas cosas “sabed que él está cerca, a la puerta”, es la parusía,[1] la llegada del Señor a la ciudad. Su venida no supone el fin de la historia, sino el fin del reino del pecado en el mundo, el triunfo de Dios y de sus santos (cf Ap. 19 ss). Es la fiesta de los justos. “Los sabios (justos) brillarán como el fulgor del firmamento” (Dn 3). “La Palabra de Dios” (Jesús) permanecerá, y con él todos el que le habéis escuchado y sois de los suyos (cf Jn 10,16). Por eso, porque eres de los suyos, lo que se anuncia en este evangelio es para tí  motivo de alegría.
 
Claves para la vida
 
De todo este lenguaje “apocalíptico” tienes la oportunidad de sacar algunas consecuencias concretas:
1. Puedes empezar repitiendo algo que aprendías el domingo pasado a propósito de la viuda que echaba sus reales en el templo: Dios no mira las apariencias, sino el corazón (cf 1 Sam 16,7) de cada vida concreta y de los hechos personales y sociales. Por tanto, sitúate tú también en la mirada de Dios. Frente al pesimismo de los que creen que el mal es dueño y señor de todo, ponte en el optimismo de los que creen y saben que el triunfo de los buenos está garantizado por Jesucristo. Del pesimismo sólo sacarás pasividad; los hombres de acción nacen del optimismo.
 
2. No te dejes vencer por las apariencias de victoria que tiene el mal. Mira nuestro mundo y sus “construcciones”, sus tremendas torres de Babel: edificios monumentales al servicio del poder económico: bancos suntuosos, catedrales del negocio y santuarios del consumo; mientras, en la misma ciudad, o más al sur, media humanidad sobrevive como puede a la crisis económica, o directamente mueren o desesperan  escapando de las guerras que asolan el mundo; en su huida  les impedimos traspasar las murallas y alambradas que los países desarrollados hemos levantado para impedirles el paso. Contemplando las soberbias construcciones de nuestro mundo, también los muros infranqueables, puedes oír la voz de Jesús: “¿Ves esas grandiosas construcciones? Pues no quedará aquí piedra sobre piedra.” (Mc 13,2a) Cuando dice esto Jesús está mirando el templo (cf Mc 13,1), con todo su significado religioso-político-social. Él ha venido para mostrar que Dios (Jesucristo) es el nuevo templo, y con Él todo hombre es “templo del Espíritu Santo”, con lo que indica de cara a la vida moral cristiana que lo único eterno es el amor a Dios y al prójimo, ambos amores de modo inseparable; un mandamiento de dos caras. Lo comentábamos hace unos domingos. “Todo será destruido” (Mc 13,2b). Si al final todas nuestras construcciones ególatras están abocadas a la destrucción, ¿por qué nos empeñamos en seguir construyendo semejantes ídolos? ¿Qué quedará de todo esto y de mí mismo al final?
 
3. Si Jesús dice: “el cielo y la tierra pasarán, y mis palabras no pasarán”, ¿dónde debes poner tu esperanza y tus esfuerzos? Tal vez es hora de que escuches en serio la palabra de Dios, no movido por la angustia de la muerte sino por la sabiduría de la vida.
 
4. El hombre de hoy, como el de siempre, pero hoy tal vez más fruitivamente, busca la felicidad en el placer, en el equilibrio mental y sentimental, en una cierta “apatía new age” ante la vida y las cosas. Tú mira los acontecimientos personales y sociales desde Dios; eso te  ayudará alcanzar tu aspiración a la felicidad, pero sin caer en la “apatía”. Tu paz interior será el fruto de la lucha interior y exterior contra el mal,  con la certeza de la fe -¡sí, fe cierta!- puesta en que nuestro Señor ha obtenido ya la victoria. Afronta la vida sin miedos, con tranquilidad, con la garantía de que tienes un seguro de vida eterna en Jesús (cf 2ª lectura: Hb 10,11-14); ¿no es este seguro razón suficiente para viajar por los días trabajando con tranquilidad? Si Dios está contigo, y si tú estás con Él, ¿qué puedes temer? (cf Rm 8,31-39)
 
5. Finalmente, y enlazando con el tiempo de Adviento ya próximo: vigila, mantén los ojos atentos para descubrir en el mundo el rastro del monstruo que es el pecado, el maligno que se esconde bajo aspecto de dinero, poder, placer ególatra, falsa libertad,…, luces con luz caduca; permanece también con la mirada abierta  a la justicia debida al pobre, las manos tendidas al justo injustamente perseguido; los ojos  en Cristo y las manos en el arado, trabajando en la viña del Reino.
 
Cuando llegue el momento de la parusía personal –tu propia muerte-, o colectiva –fin de los tiempos-, recuerda que Cristo no viene a destruirte, sino a recogerte, “a reunir a sus elegidos de los cuatro vientos” (Mc 13,27) para hacerte partícipe de su gloria. La parusía, la llegada del Rey victorioso que trae para sus súbditos beneficios excepcionales, se vive como prenda en la Eucaristía. El Señor viene. La Eucaristía es anamnesis -recuerdo, memorial- de que toda la salvación y gracia ha sido realizada ya por Cristo Jesús en la Pascua; estar en la misa y vivirla, es anticipar el gozo de aquel día en que el señor vendrá definitivamente; mientras llega ese momento celebramos la eucaristía que nos hace esperar sin angustia el día en que llegará nuestro Salvador para hacer nuevas todas las cosas (cf Ap 21). “¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, señor, Jesús!”.

[1] Al acto finalizador de la historia como acontecimiento se le designa habitualmente en el NT como la parusía. Se trata de una palabra griega (derivada del verbo pareimi= estar presente, llegar) y que significa, bien la presencia, bien la llegada de personas, cosas o sucesos. En el mundo griego la palabra designaba tanto el descenso o la manifestación de personas divinas en la tierra, como las visitas de los reyes y príncipes a las ciudades sometidas a su imperio. Se trata, por tanto de una manifestación triunfal, de un despliegue solemne en un ambiente festivo. En la época imperial romana, el césar es saludado en su parusía como señor y portador de salvación. El pueblo aguarda con expectación su venida, puesto que espera conseguir con ella beneficios excepcionales. Todas estas circunstancias dan a la parusía un carácter netamente jubiloso y festivo. Los escritores del NT utilizan la palabra parusía en sentido religioso; salvo en una ocasión (2 Ts 2,9), designan con ella el advenimiento glorioso de Cristo al final de los tiempos, conectado con el fin del mundo (Mt 24,3.27.37.39; 1 Tes 2,19; 3,13; 4,15; 2 Tes 2,1.8; 2 Pe 3,4.12), con la resurrección (1 tes 4,15; 1 Cor 15,23) y con el juicio (1 tes 5,23; St 5,7.8; 1 Jn 2,28).

 
Casto Acedo Gómez Noviembre 2015 , paduamerida@gmail.com.

Tabor y cruz (8 de marzo)

  Somos seres en búsqueda; los hombres nos pasamos la vida “buscando”. Buscamos la felicidad,  la suerte, un lugar para vivir, buscamos trab...